ENT
allí, tendido a los pies del altar, y la sangre se desliza bajo
re Vittorio irrumpe en la ca
sotana mal puesta, el rostro pálido.
isericor
uñecas, tibia. Me pongo de pie con dificultad, tam
. Escuché un ruido y me es
tira tras mentira, construida
susté, se me cayó la vela... y entonces se
dote, como si allí pudie
arme el cuerpo de encima
Vittorio tiembla al ritmo de su pulso. Me observa como se observa a a
sostengo una mentira como si fuera
puerta se ab
ompañada solo por una vela.
Me pareció oír un disparo. Salí corriendo
vuelve hacia ella y l
Alguien puede explicarme po
l asesino huyó -responde el padre,
irada se posa primero en el cuerpo inerte.
pregunta con esa voz escalofriante q
ojos son afilados, penetrantes. Cuando term
. nadie debe saber esto. Hay una sola cosa q
decir el padre, per
preguntas. Solo acusarán -su voz es baja, implacable-. ¿Y quién protegerá el orf
paso
diciendo,
a. No así. Este hombre es uno más de esos mafiosos que rondan la ciud
-intent
otos. La tormenta parece protestar,
s el apagón, este apagón bendito que nuestro Padre celestial nos concede, y la lluvia que borrará nuestras huellas.
desafiar a la madre superiora. Sabe que, de algún modo retorcido
es... -intenta
io -reca
usurro, sin recono
erca. Me mir
ado fue abrirle la puerta. Y ahora cargará
la mi
ento,
ices, harás lo que te ordeno
go qu
go qu
o ba
amos bajo la lluvia, por calles vacías. Lo dejamos entre bolsas de basura
adas y temblando, nos ar
, que estás en
a madre Agn
re Vittori
a no
la madre superiora
ú, Valentina... recuerda esto: lo
ce cualquier ilusión de consuelo. Antes de irse, sin siquiera mirarme, añade que vaya por una cubeta y detergente, que limpie el desorden y termine antes
naremos más pronto. Asiento sin mirarlo y voy por las cubetas; el metal frío golpea mis manos entumecidas mientras cargo detergente y trapos viejos, todo lo necesa
a algo más que sangre: arrastra el eco del disparo, el peso muerto del cuerpo, el calor ajeno que aún siento pegado a mi piel. Ninguno habla. Sol
ompasión y miedo. Cada vez que se cruzan con las mías, mi corazón se estremece, porque no sé si podré seguir sosteniendo la
intacto, como si nada hubiera ocurrido, como si Dios no hubiera visto. Me quedo de rodillas un instante más, respirando con dificultad, comprendiendo que he cruzado un umbr

GOOGLE PLAY