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ENT
ones empapados de secretos, de sangre y de pecados que nadie confiesa. El trueno sacude los muros de la iglesia y hace vibr
puerta se ab
lencio sagrado. El sonido resuena por la nave vacía como una
us labios están pálidos, pero sus ojos... sus ojos me atraviesan. Cuando nuestras miradas se cruz
ento. Es algo más peligros
o no cruel. Hay fuerza en él, una fuerza oscura, indomable. Y, al mismo tiempo, un
herido -susurro, arr
ponde con una voz áspera y p
rdia -contesto, sorprendida por l
lino h
me ay
ma de mis hombros y lo
res tan nec
as su peso cae sobre mí-. Y debo proteger a
. Su cuerpo tiemb
rror a este
ás a salvo dentro -le digo-. Aq
ue te mataré -murmura con dificultad, mien
so se
ovimiento es lento, compartido, íntimo de una manera que me que
sas y presiono su herida. La sangre tibia empapa
indico, colocando su
a de su boca y se me
entran aquí
fue mi decisión -re
de incredulidad y algo más
onja -dice-. ¿
uena en la p
lenciarlo. El contacto es breve, eléctrico. Luego lo arrastro hasta uno de los pilares y lo es
el intruso
lto o disparo, Dorian -
hacia el intruso c
ar a estas horas. La
te acompaña que salg
más que yo -respond
con burla. Señala la manc
tedes no mienten. ¿Por qué p
o ante Dios -
ierro los ojos, como si ese ges
isparo estall
po cae
arma aún humeante en las manos. Me mira como si yo
dejarme m
po
s fuerzas. siento su calor, su fuerza, su vulnerabilidad.
os del mío. Veo cada línea
me ha mirado
unto, apenas cons
espo
encuentra
a observarnos pecar. Mis labios se abren sin resistencia. Su boca es cálida, f
ontenido. Mi cuerpo responde antes que mi fe. El hábito deja de existir. La iglesia des
o se vuelve peligroso. Mis dedos se clavan en su espalda. Siento su cuerpo r
están mezcladas. Su frente descansa un inst
urmura-. Y algún día vendré a co
ra. Retrocede hacia la oscuridad justo cuando el padre
sabiendo que acabo de permitir que el pecado

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