vista d
do un agua mineral
e la cocina, un vaso sudoroso
iéndole a Caridad un vaso de a
ise -gritó-. Nec
sudando sob
rto de huéspedes. El ti
fuerte oculta detrás del cuadro del
rta del cló
uedé h
os de invierno, los pocos vestidos que
curo. El olor era sofocante, como si un vi
, qué
la v
puerta, con una botella de acetona en u
iste es
el espacio en el clóset. Y honestam
itación, pateando un trozo d
rador-, Damián me contó lo de tu abuela. Cómo mur
muerte hace tres años, le rogué a Damián que me llevara al hospicio. D
o, Annelise -sonrió Car
bistró en la calle Cuarta. Apagó su telé
os, no un sonido, sino
es -su
ntale
Me moví. M
a atrás, la botella de aceto
el acelerante transparente sobre las
u otra mano
a ar
o encontró
Za
solo se incendió;
las cortinas, devorando
retrocediendo h
ami
tras el humo negro ahogaba la
rimió. Mi cora
puerta. Sus ojos se
iró a mí, de rodillas,
el pasillo, con lágrimas fa
tó Caridad-. ¡Está loca,
n no
ón para ayudarme. No ex
rodeó con su brazo
-le dij
band
ara que m
desaparecer
l humo era un peso físico
abajo, por debajo
n la cocina, empujé la puerta y
etuve.
ernas se sentían como plomo. Mi co
llejón y p
puerto -
enía los documentos m
inal, comp
illo de bo
los que había robado del puesto de enfermeras
Don Carlos
hacia el bo
y partí la tarjeta
caer en
l avión
asfalto, miré hacia abajo a las
había muerto e
en el asiento 4A
a por

GOOGLE PLAY