su aroma, una mezcla embriagadora que desafiaba su capacidad de raciocinio. Para un Alfa, el reconocimiento de la Luna no era un proceso romántico; era una d
llegado a la cima del mundo f
de su especie conocían. Tenía que ser frío. Tenía que ser el bloque de hielo que Wall Street temía. Si Sofía detectaba una sola grieta en su
ndo los ojos. Ya no eran ámbar; eran de
el interc
. Traiga su tableta y el cronog
tavoz. Se tensó. Esa calidez residual que sentía en el brazo tras el roce accidental no se había desvanecido
as agarraba su tableta. "Eres una periodista i
parecía una invitación ahora se sentía como un muro de hostilidad.
desprovisto de cualquier matiz de la vulne
istancia se sentía segura, pero la mirada que él finalme
las tierras en el norte del estado? -preguntó
gradeciendo haber estudiado lo
lo de 'eco-lujo'. Sin embargo, hay resistencia por parte de las comunidades locales y a
ascinado por la inteligencia de la mujer,
es capaz de manejar la presión. A partir de hoy, usted será mi enlace con los abogados de zonificación. Eso implica tr
eñor Volkov -respon
berados. Se detuvo justo al lado de su silla, invadiendo su espacio personal de una manera que hacía que el aire fuera
de una fragua. Podía olerlo de nuevo: sándalo, pino y algo salvaje que le aceleraba el puls
"guerras de cárteles" y corrigió rápidamente-... situaciones de alta
ándola. Sus rostros estaban a escasos centímetros. Pudo ver las pequeñas motas doradas en el iris de Sofía, p
llega esta noche. Es un hombre que desprecia la debilidad. Usted organizará la cena, manejará la traducción -sé que habla japonés flu
empezar -protestó Sofía, indignad
Vega. Aquí las re
contra la agitación que le devoraba las entrañas. Verla enfadada, con las mejillas sonrojadas y los ojos brill
olviendo su atención a los documen
ción que no quería admitir. Salió de la oficina sin decir palabr
iel. Tenía que concentrarse. Esta cena con Saito era la oportunidad perfecta. Si lograba que Gabriel se distrajera con el inversor, podría intentar acceder a su terminal pri
estaba cerrada en un puño tan apretado que las uñas le estaban haciendo sangre en l
loco, Luna -gru
Si era frío, si era un déspota, ella lo odiaría. Y si lo odiaba, ella se mantendría a distancia. Era una estrategia de supervivencia. Porqu
distrajera, especialmente una que parecía tener sus prop
n el territorio ancestral de una manada rival que estaba empezando a moverse hacia la ciudad. Necesitaba ese terreno para p
la protegiera. La razón
mera vez en siglos, simplemente

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