na de un portazo. La pesada cao
furioso. Se paseó de
leada -acusó. Su voz
e defendió Veta. Su voz tem
la mano
. Tú respondist
e caridad. Se bu
miró. No había simpatía e
-. Es la líder de marketing. No puedes ir por ahí
n incredulidad-. Esto no se trata d
añía -la interrumpió Sol-. Estamos
la garganta como ácido. A él le importab
culparte con el
Veta con
ltura para intimidarla,
uerdo de divorc
ncredulidad. La es
vos en la corte por años
abía casado. Era un monstruo. un mo
tima vez. Necesitaba saber, más
lgo de lo nuestr
el ceño,
a mano sobre su estómago-. ¿Q
e con
n silencio. El aire a
, buscando una mentira. Su mirada bajó al
-preguntó
uvo la re
icamente
áspera. Se pasó u
ues jueg
ritorio y se sentó, ponien
ualquier embarazo sería
que su coraz
un niño naciera en este desastre. Si estuvieras embarazada, esperaría que lo ma
aba. La
Eso signifi
No era su corazón -ese ya estaba roto-. Era su esper
arró el frasco de pastillas. Nece
ella. Su voz est
iscul
evantar la vista-. Ha
hacia la puerta. Ocultó la úni
ecánicamente, con palabras huecas. Ol
el baño. Se ence
su bolsa. Miró la etiqueta que había escri
el fr
iría antes de dejar que
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