iedad no era el silencio de la paz, sino el de una fiera que contiene el aliento antes de saltar. Tras pasar la tarde deshaciendo su
a las veces de chófer y jefe de seguridad,
ar -dijo con una brevedad militar-. E
tegida. Mientras bajaba las escaleras de piedra, el eco de sus pasos parecía demasiado fuerte. La casa est
al de l
do a veinte comensales. Sin embargo, solo había dos servicios puestos, uno frente al otro, en los
la luz de los candelabros de plata acentuando los ángulos de su rostro. Llevaba una cami
señalando el lugar opues
s sirvió los platos. Para Luna, una ensalada gourmet y una sopa de calab
la porcelana blanca. Ian no usó el cuchillo de inmediato; simplemente observó la carne con una intensidad que h
ó Ian, rompiendo el silencio si
Es solo que... es mucha carne para una sola persona, ¿
la luz de las velas se reflejó en sus
... diferente al suyo. Y la prefiero así. Entró fascinante y aterradora a la vez. No había desperdicio de movimiento. Había una urgencia contenida en sus
rsación
ana y el crepitar de la madera en la chimenea de mármol. Luna no podía soportarlo más. El cona a un lado-. Silas no es un guardia común. Y esta casa... las pa
on una servilleta de lino y se reclinó en su silla, observánd
en un mundo donde el peligro tiene rostro humano y reglas legales. Mi mundo tiene reglas mucho más antiguas. Hay
si esto fuera un reino, no
na risa sec
s parte de mi manada... de mi círculo íntimo -se corrigió rá
igos? ¿Otras corporacion
la mesa con esa gracia depredadora que Luna empezaba a reconocer. Se detuvo justo detrás de la silla de ella. Luna no se atrev
su oído. Luna sintió el vello de su nuca erizarse-. Y ahora mismo, usted es lo más valioso que tengo b
te de l
sque, cuero y esa nota primaria y salvaje la mareó. Era un olor embriagador, uno que despert
ebemos tocarnos -susurró L
l cuello de ella, provocándole un escalofrío que no era de miedo-. E
Podía ver el latido de la yugular en el cuello de Ian, un pulso rápido y fuerte. Sus ojos grises
Luna? -preguntó él
mirada-. Hay algo en ti que no encaja. Algo que me
o de su piel. Sus dedos temblaban levemente por el esfuerzo de no cerrar la distancia. El
e más profunda, más animal-. Pero es el único
ra recibido una descarga eléctrica. Su r
mpezará su transformación oficial. No quiero que vuelva a usar ese vesti
u dinero par
comedor sin mirar atrás-. En mi mundo, la aparienci
lerado. Miró el plato de Ian: la carne había desaparecido por completo, no
la mansión. Entre los árboles, juró ver un par de puntos brillantes, dos ojos de
la marca en su palma -el contrato de sangre- comenzó a latir con un calor rítmico,

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