/0/22517/coverbig.jpg?v=992ad9b972170147e6fad88b85776e25)
lguien, cualquiera, te escuche. Pero en mi mundo, lo único que respondía era el eco de todo lo que había perdido antes de tener la opor
e, la siguió poco después, dejándome huérfana antes de que pudiera formar un recuerdo, o al menos eso me dijeron. S
os. Durante un tiempo, un dulce y cruel momento, me trataron como a su propia hija hasta qu
brazos que antes me mecían se volvieron fríos, y los ojos que solí
itaba comida, calor y amor. Fue por eso que aprendí a cuidarme sola, buscando sobras en la never
o fuera un simple adorno viejo de Navidad. Como el lugar no tenía ventanas, me asaba viva en los veranos y me conge
tió en algo más triste: la revelación de que no se puede perder lo que nunca fue tuyo. A medida qu
o significaban nada para mí, pero esta vez era diferente. Esa noche, bajo la luz de
manada, encontrar trabajo en el pueblo humano más cercano y empezar a ahorrar lo suficiente para finalmente
edes del depósito. "¡Son las cinco de la puta mañana!
s me levanté con dificultad de mi montón de ropa y salí del depósito. Ahí estaba ella,
a si yo tenía razón o no, pero la discul
de nuestra caridad todos estos años, lo menos que podrías
A pesar de eso, me tragué la amarga rabia que me subía por la garganta
no era más que una carga. Apreté los puños con tanta fuerza q
su cabello pelirrojo rebotaba a cada paso. Era una mujer bonita, sin duda, con su rostro en forma de corazón y s
al final del pasillo. Toqué suave, sabiendo que no debía despertarlo bruscamente, ya que
rió. Él estaba ahí con su cabello pel
rano, ¿qué mie
. Vine para recog
brazos y me cerró la puerta en la cara. Apreté los dientes. Solo habían pasado seis días desde la ú
. De repente oí que la puerta se abría de nuevo y sentí que algo grueso me golpeaba justo en
bajaba las escaleras. Convenientemente, Ama estaba tomándose su dosis diaria d
a está daña
o, me quedé he
a casa de la manada, puede arreglarla... más tarde. Mientra
mposible. A pesar de eso, no dije nada, solo me mordí el interior de la mejilla con tanta fuerza que sentí el sabo
uficiencia. Maldije para mis adentros y volví a la cocina para aga
caerme. Suspiré aliviada, pero la alegría me duró poco, ya que oí un estruendo cerca de mí.
rapidez, pero, antes de que pudiera incorporarme del todo, su mano se estrelló contra mi mejilla, empujándome hacia atrás contra el refrigerador. Sentí el ardor
a! ¡Ese era un pl
nto", s
o! ¡Lo siento! ¡Pedir perdón no arregla tu estupidez! ¡I
temblorosas, recogí los pedazos de vidrio y limpié el desorden. Luego, sin decir nada más, me eché las bolsas pesadas a la espal
GOOGLE PLAY