lencio y poder absoluto. Pero esa noche, el silencio era denso, cargado con el olor rancio de la ansiedad y el café recalentado. Sterling Vance, el hombre que una vez fue com
as últimas setenta y dos horas habían erosionado su fachada. Sus ojos, habitualmente dos piedras de pedernal azul, estaban inyectados en sangre. El nudo de su corbata
a digital. El gráfico de cotización de Aurelius no era una línea; e
fter-hours -murmuró Sterling para sí mismo. Su voz era un
rling sabía lo que querían. No buscaban soluciones; buscaban un cuerpo que arrojar por la borda para aligerar el barco antes de que se partiera por la mitad. Irónicamente, Sterling r
siempre había creído que el poder consistía en tener el control de la narrativa, pero ahora, la narrativa se estaba escribiendo sola en los foros de Red
a puerta doble de
ie! -bramó Sterling, girándose
vez mostraba emoción, entró con paso vacilante. En sus manos enguantadas sostenía una ba
ni código de barras, ni registro de entrada en el vestíbulo. Los de seguridad dic
el mate, de un negro absoluto, denso y pesado. No había dirección, so
Sterling, cogi
sobre con un abrecartas de oro. Dentro no había un fajo de billetes, ni una demanda, ni una amenaza de muerte convencio
esta guerra solo. Co
arjeta como si quem
ído susurrado en las cenas de caridad y en los clubes privados de Londres y Hong Kong. Se decía que el Arquitecto era el hombre que movía los hilos
u escritorio y pulsó
espondió la
tengan sobre un activo llamado "Vante" o "El Arquitecto". No me importa el coste. No me imp
entregar su destino a una sombra. Pero el pánico es un gran igualador. En su mente, Sterling empezó a justificarlo. Si este Arquitecto podía salvar a Aur
mirando su reflejo en la pantalla apagada-
Era un correo electrónico de Cypher-Sentinel. El asunto rezaba: Identi
no era una coincidencia; era una sincronización perfecta. Alguien lo había es
razada de oferta. Sterling Vance, el hombre que nunca pedía perdón y nunca pedía permiso, se dio cuenta de
a, lo hacía bajo la supervisión de los micrófonos de Elias. Sterling tomó el ratón y, con mano
de mostrar una interfaz de chat minimalista. No h
reconstruyamos los ci
ición, ese motor incansable que lo había llevado a trai
, aunque nadie pudier
ratando a un salvador. No podía imaginar que estaba abriendo la puerta a su propio verdugo,
de Aurelius Group se sintió, por primera vez en su vida, profundamente solo frente a

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