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uri
absoluta, pesa
el olor a combustible quemado y una ola de calor abrasador lanzándolo por los aires. Ah
lo impidió. Estaban vendados. Llevó sus manos instintivamente hacia su rostro,
n látigo que hacía temblar a las juntas directivas
resurados, el roce de suelas
dajes -dijo una voz temblorosa a su derecha
lpe. Un dolor agudo le atravesó las costillas, pero la adrenalina y el páni
anta fuerza que se escuchó en la habitación-. Hubo una explosión. Usted sufrió un traumatismo craneoencefálico
s palabras fue más ensordece
ontrolaba el imperio financiero más grande
la infancia, se transformó rápidamente en la única otra emoción que con
zo derecho hacia un lado con violencia.rra de agua y vasos de cristal haciéndose añicos, llenó la lujosa habitación VIP del hospital. H
dito trabajo! -vociferó, arrancándose la vía intravenosa del dorso de la mano sin importar
rrándose a toda prisa. El todopoderoso CEO se había convertido en un
excep
espiración agitada y el goteo de su propia sangre manchando las sába
ospital, ni el hedor metálico del pánico. Era u
den
erado rompió el silencio. No había prisa ni terror en esos pasos. Alguie
les rotos siendo apilados en la b
pretando la tela de las sábanas con sus nudillos
a cesaron. Pasaron dos
uro que tampoco soy estúpida -la voz que
que resonaba en el pecho. Tenía una cadencia serena, un timbre aterciopelad
cabeza vendada hacia donde creía que provenía el sonido-. Si sabes quién s
léfono de la habitación junto con su jarra de agua, señor Roth -r
hasta que le dolieron los die
có, envolviéndolo, creando una extraña burbuja de orden alrededor de su rabia
afarse, levantando el brazo p
o sorprendentemente fuertes, atrapó su muñeca en el a
andó traer especialmente para usted -dijo la voz, sin soltarlo-. Y créame, limpiar sangre de l
nadie en la faz de la tierra le hablaba de esa mane
gió, su tono bajando de un
limpiando su herida. Ella continuó trabajando sin soltar su aga
ptible-. Soy su enfermera de turno. Y seré la persona encargada de asegurarse de que sobreviv
nsar los músculos, pero sorpresivamente encontrándose cediend
nte sobre él, y el olor a gardenias le inundó los sentidos, borrando el olor a quemado de su memoria por un instante-. Está ciego, sí. Está asustado. Es una trag
La audacia de esa mujer era tan colosal que
Pero, en la vasta e inhóspita oscuridad de su nueva realidad, esa voz calmada y autoritaria
dar sus sábanas con m
r. Intentaré conseguirle algo de beber en un vaso de plástico.
forme mientras ella daba
un susurro áspero. El sonido de su prop
detuvieron
seño
el rostro vend
tienes
zumbido del aire acondici
a los que amo -su voz se suavizó ligeramente, perdiendo por una fracción de segundo su escudo profesional-. P
con un clic suave
jos aún latía con fuerza, pero por primera vez desde que despe
a a gardenias. La única luz que, sin saberlo ella

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