dos horas sumido en
or el sonido de la puerta abriéndose, el roce de las sábanas cambiadas y el eco de sus propios pensamientos oscuros.
e sus trajes caros cuando les exigía informes sobre las acciones de Roth Industries. Balbuceaban, dudaban, trataban de su
enos a el
tante, la mente de Maximilian había comenzado a construirla a través de fragmentos sensoriales. Su voz era un faro en la niebla: tranqu
estaba su
n tres punto cuatro por ciento -la voz de Sara resonó en la quietud de
s ojos cubiertos por gruesos vendajes. Sara estaba sentada a un par de metros de distancia, leyendo en voz alta el
r afeitarse por sí mismo, odiaba la textura de la barba incipiente raspar contra sus dedos-. Continúa con l
el papel. Sara pasó la página sin emi
minuta, tan breve que nadie más la habría notado, pero en su ceguera, Maximilian captaba cada micro-respiración-. "Debid
posabrazos del sillón-. Sabía que la junta directiva inte
rafo, de hecho -comentó ella, con un tono neutro, desprovist
lo.
ra. Leía términos complejos de economía, maniobras corporativas y estrategias de mercado agr
amento modesto y tomaba el transporte público para llegar al hospital, estaba articulando en voz alta la ruina o el triunfo de imperios mul
repente, interrumpiéndola a mitad
tuitos, y las palabras se sintieron extra
evo, señal de que ella había baj
literatura. Supongo que la exigencia por la pron
iente difícil. Suenas como si estuvieras presidiendo una junta dire
de ella para adivinar su estado de ánimo. Quería ver su rostro. Deseaba fervientemente poder
ario no depende de su estado de humor, señor Roth. Mi trabajo es cuidar su cuerpo, que se recupere del
susta a una mujer
gar un tratamiento para salvar a quien ama... esas son cosas realmente aterrador
nmensas crisis corporativas a "un mal día". La respuesta lógica y esperada en él habría sido estallar en ira, exigir que la despidieran
, Sara. Profund
lista, s
onrisa en su voz. Una sonrisa que no estaba
emente los hombros de Maximilian comenzó a ceder. En ese mundo de tinieblas donde cada paso era una
cer su presencia en la habitación incluso antes de que ella articulara una palab
gard
bañados por el sol de la tarde y luego machacados suavemente. No era uno de esos perfumes caros y agresivos de dise
pleto, domando a la fiera rabiosa y asustada que vivía en su pecho desde el accidente del yate. En la ceguera, los sentidos restantes buscan desespe
esco y dulce que su aroma prometía. El pensamiento, oscuro, intrusivo e inmensamente inapropiado
vó Sara. Escuchó el ligero pitido rítmico del monitor a su lad
uello, oculto bajo el pijama de seda-. Solo... tengo la garganta
ervir
ercándose a la mesita de noche. El sonido cristalino del agua
z proviniendo ahora desde su
. Estaba acostumbrado a que el resto del personal médico le dejara las cosas en la mesa de noche por miedo a acercarse demasiado a s
ástico frío, calcularon mal la dista
s dedos rozó algo inmensam
no de
mbos buscaban en el aire la posición correcta para transferir el vaso. Pero para Maximilian Roth, que llevaba días confinado en
do, con la respiración súbita
on levemente hacia abajo, envolviendo la mano de ella, como si quisieran atrapar esa calidez vital antes de que se desvaneciera en la nada. Por un segundo eterno,
apartó la man
le y caliente que no tenía absolutamente nada que ver con acciones, fusiones o informes financieros. El aroma a g
th... -mu
na ligerísima vibración. Un quiebre rasposo, casi imperceptible, que delató ante el agud
a mano de ella, que finalmente se zafó de su agarre de forma renuente. Sus dedos largos se cerraron alreded
áspera, oscura, una octava
ás de inmediato, el roce rápido de su un
acientes en el piso. El turno casi termina. Volveré
adencia pausada habitual, revelando una urgencia nerviosa que jamás había es
cto. Llevó la mano derecha, la misma que ella había tocado apenas unos segundos atrás, cerca de
enta de un hecho aterrador que haría temblar los cimientos de su ordenado mundo. No esta
olviendo ad

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