utoritario de Gabriel. Ella lo miraba con una mezcla de desafío ebrio y una vulnerabilidad que le partía el alma. Gabriel, por su parte
abios de Isabella-. No de esta manera. Estás borracha, Isabella. Ma
ándose apenas un centímetro antes de que la mano de Gabriel, firme y cálida, se cerrara alrededor de su antebrazo-. Dieg
ocultos del bar. El local estaba casi vacío, sumido en una penumbra cómplice. Gabriel supo que, si la
ahora un hilo de seda oscura-. Per
ra, y el contacto de sus manos con las curvas de Isabella fue como una descarga eléctrica. Ella era suave, cálida, y encajaba contra su cuerpo de una manera que desaf
ara ser "solo un amigo de la familia". Con cada paso, el roce de sus muslos y el calor de sus alientos compartidos borraban el mundo exterior. Isabe
eliminando cualquier espacio de aire entre ambos. Fue entonces cuando ella lo sintió. Contra su vientre, firme y evidente a pesar de la tela del traje de sastre
rarlo a los ojos. Gabriel no apartó la vista; sus pupilas estaban tan dilatadas
ruñó él, su voz vibrando contra
a a los reservados traseros, un área sumida en una oscuridad casi total donde solo el brillo de las botellas lejanas ofrecía algo de luz.
u aliento cálido le provocó un escalofrío que terminó en la punta de
Sus lenguas se encontraron en una danza salvaje mientras las manos de Gabriel comenzaban a explorar lo que Diego había despreciado. Sus dedos rec
enó él entre besos, una orden
gado contra sus labios cuando sintió los dedos largos y expertos de su profesor rozar la seda de su rop
rompiéndose por primera vez-. ¿Esto es lo que Diego no
os comenzaron un movimiento rítmico, circular, una tortura deliciosa que hacía que Isabella arqueara la espalda contra la pared. Él no se detuv
cir ella, con la respiración entrecortada, sintiendo
olo lo suficiente para que sus oj
e reclamo. Eres mía en este momento, Isa
Presionó en el punto exacto, justo cuando Isabella sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Sus músculos se tensaron, sus de
ientras se aferraba al hombre que acababa de cambiar su mundo para siempre. Gabriel la sostuvo con fuerza, permit
eva realidad. Gabriel le retiró un mechón de pelo de la cara, su expresión ahora ilegi
una elegancia que resultaba casi cruel-. Ahora, te llevaré a casa antes de que a
tía al entrar al bar se había llenado con un fuego peligroso. Diego era el pasado,

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