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do el papel retumbó como un disparo
la vista. Simplemente deslizó el expedte, Ximen
sudaron. Hace cinco años, habría estado temblando, con lágrimas corri
acia la bolsa de plástico que
labial que había caducado hacía tres años y un libr
-dijo Guerre
curva, femenina. Ahora eran líneas afiladas y v
ido sonó, un tono largo y furioso que le vibró
na s
brazo para protegerse los ojos. El aire ya no olía a cloro y repollo
destello de los flashes que la habían cegado
abía
una única limusina negra es
manchas de petróleo. El auto estaba allí, o
tada. El dobladillo estaba deshilachado y la tela le apretaba en los hombros. Entonces er
hacia e
ó a la cara. Abrió la puerta trasera y miró hacia el
e agachó
elando el sudor en su cuello. La puerta se cerró
ntadas su madre, Victori
le ofreció una a Ximena. Miró el abrigo gastado de su
esquina del asiento de cu
que le dijo a su hija en cinco años-. No voy a per
iopelo. Sus movimientos eran fluidos, controlados.
era aguda, quebradiza-. La comida ahí de
padeó. Solo observó el pulso de
remeció y apa
lo. Sacó un documento grueso y lo arrojó s
n una bofet
n estipendio. Tomas el dinero, te vas a Europa y nu
o de Renuncia al Fideicomiso
tó Ximena. Su voz sonaba r
oltó Amparo, una sonrisa cruel curvando sus labios-. Él
ta de crédito negra y la lanzó sobre la mesa. Resbaló p
obús fuera de la ciudad. No
ena se crispó.
omando un sorbo de su champán-. Eres una manch
, asfixiante. Una leve ola de náuseas la recorrió, una compañera familiar est
imena suavemente-. Tú y Gavilán.
a se puso rojo. Abri
bestido violen
a contra el panel lateral. La copa de champán de Victoriaintercomunicador, llena de pánico-. ¡Nos est
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