e afilada y en control, ahora era un torbellino de pensamientos. En su rostro, que rara vez mostraba emoción, hab
el caos que había causado. Iba erguida, serena, como si hubiera disparado a una taza rota y no a un ser humano. Su sirviente apareció en s
tragó
pólvora. A los trece años, aplastó el cuello de un traidor con sus propias manos. Desde entonces, se ganó el apodo de Rey de Hierro.
ran porcelanas de lujo: bellas, costosas, delicadas. Su madre jamás tocó
cosa. Ella era... como él. Y
dibujó en sus labio
fecha del matrimonio como si fuera una reunión de negocios más. P
las puertas vol
la e
rvas como si hubiera sido hecho para ella. Su piel oliva brillaba bajo la luz cálida del salón. Su
hacia sus pechos redondeados y la elegante curva de su cintura. La belleza de Alessia era un golpe seco al co
o un gesto que no pasó desapercibido. Pavel a
den bajó la vista de inmediato. Rafael tosió y apartó lo
a Aden. Luego a Rafael. La dulzura en su voz era tan perfecta que parecía fingida. ¿La misma mujer
mente, sus ojos
Tan fríos que no encontró en ellos el menor atisbo de calidez. Ella no so
eacción lo desconcertó. ¿No debería estar impresionada? ¿Asustada? ¿Curiosa, al menos? Era el hereder
ella lo sintió, porque lentame
frialdad lo que v
muró algo al oído de su padre, se levantó con elegancia, saludó de f
e quedó
monios
no solo no lo deseaba... si
eza o su frialdad, lo
se
una peligro
como cuchillas afiladas detrás de él. Ni siquiera los miró. Si hubieran sabido lo que era
ra suave, pero su interior hervía. A lo lejos, la vio sentada junto a la piscina, con las piernas cruzadas, el vestido melocot
ó junto a ella, sin
na presencia no deseada. Se levantó de inm
arte aquí? -preguntó con
os. Sus labios se apretaron. Su paciencia se desgastaba a un ritmo alarmante. En un movimiento rápido, le sujetó los b
voz baja y peligrosa c
mundo, todo -inhaló su perfume, almizclado y floral- incluido tú. Eres
in humor. Luego lo miró con una
altivez-. Todavía estoy en territorio italiano. Así que se
íbula. Su voz tembla
territorio. Pronto seré tu esposo. Y no estoy acostumbrado a
enosa como la miel agria-, todavía no eres mi esp
ianchi estaba tentando a
ue sus cuerpos se tocaron por completo, sin espacio entre ellos. El calor de ella l
su oído, su alien
, nadie me dice qué hacer. Te guste o no, vas a
abios rozaban los de él, pero no c
omar? -susurró, con
s. Su corazón palpitaba
e advierto algo -agregó, bajando la voz-: el fuego
con miedo, sino con algo más osc
anos, separándose de su cu
. Pero no te emociones demasiado. Que yo haya matado a
adie lo desafiaba así. Nadie se le enfrentaba de esa manera
jugar conmigo como si yo fuera uno más
ro
ar el precio po
se detuviera en seco. Alessia se giró con un brillo asesino en los ojos, pero no tuvo t
ue haces?! -exclamó ell
l la sujetó por los hombros, presionando su
diera borrar su arrogancia y su de
s, como si la rabia y el deseo se fundieran en un solo instinto primitivo. Ella gimió de frustra
unos segundos, pero

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