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Historia

Capítulo 3 Nada que perder (ii)

Palabras:1321    |    Actualizado en: 09/04/2026

de Lucian se cernía sobre la mujer. Su rostro estaba oculto tras u

fuerza implacable. Los débiles intentos de ella por moverse a

-gruñó Lucian, dándole un fuerte azote en el culo. El impa

erda, jode

go exhaló una nube de humo directamente en su cara. Ella se atragantó,

a voz temblorosa. El miedo había borrado cualquier r

s que un objeto para su placer, un trapo que usar a su

plastó con el talón. Luego, sin esfuerz

manos se cerraron alrededor de su garganta, apretando lo justo para que los ojo

a de desprecio-. Me dijeron que eras la mej

misericordia hasta que las lágrimas c

el pasado. Con un gruñido bajo, derramó su espesa carga lechosa sobre el estómago de ella y s

calada, exhalando el humo con placer. Abrió el armario, sacó varios gru

con dificultad y s

oz cortó el aire, fría y peligrosa

to limpiarme

fuera la regla más normal del mundo-. Vístete y lárgate. Deja que mi semen

Lucian no dejaba espacio para la rebeldía. Obedeció, se puso l

ciones para que limpiaran el desas

**

vestida, lista para marcharse, c

volvieron fuer

e esta puert

n vuelco. Era el

nero... ¿Cómo

Te largas. Ya estoy harto de tus tonter

entró. Frunció el ceño con furia; su gran barriga asomaba por

ew -saludó ella, tragand

orra -espetó él-. Paga. Ya t

dió Bella con enfado, lo que solo empeoró las cosas-

el dinero. Entonces paga con tu cuerpo. He oído historias de lo puta que eres, andando por las c

lo que tenía que hacer para sobrevivir... pero esta vez, perder aqu

s quedártelo. Puede que sea una desesperada, una puta cualquiera, pero no haré algo que n

soltó una

uieres quedarte hoy y marcharte ma

sacó el poco dinero que le qued

Mañana por la ma

as tomaba el dinero, rozando su m

iez de la mañana -le advirtió, recorriéndol

ta de un port

ecidida a conseguir cualquier cosa o a cu

**

a habían rechazado... incluso como mesera, le dijeron que ya tenían suficiente personal. Mi

os, dejando que su risa, su inocencia y su total ignorancia del mundo le trajeran un pequeño momento de paz. Cerró los

ue si la bebé veía a otros niños, quizás se calmaría. Y funcionó: la pequ

nó el teléfono

. ¡Vale, ya v

corriendo, paró un ta

tó y, a pesar de todo, se sintió agradecida... de lo contrario, habría dormido hasta la

o, ¿de quién es el bebé que está llorando? -s

ó, un poc

í misma, intentando razonar. Miró al cielo y calculó que se

Bella latió con fuerza cuando vio un cochecito y a un hombre ace

que estaba en una esquina y se acerc

tó, haciendo que el hombr

él, levantando a la niña. P

ella-. Si fuera suya, no

Antes de que ella pudiera reaccionar, la e

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