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Historia

Capítulo 3 Promesas sin voz.

Palabras:1073    |    Actualizado en: 21/04/2026

itó, mientras la arra

y gente que aguardaba con sonrisas. Amelia sentía que cada paso

ces,

mposible de confundir. El esmoquin negro se ceñía a su figura con elegancia; era distinto a todo lo que Amelia había ima

a rabia y la desesperación se confundieron con algo nuevo, i

a vacilación, apret

na, A

enético. Una parte de sí seguía clamando por huir, pero o

mirada vagaba entre la incomodidad y la rabia contenida. Frente a ella, Darío esperaba impecable, con el porte de alguien acostumbrado a tener el control de todo lo que l

lpable. El juez comenzó a pronunciar las palabras de la cer

eunidos -decía

encaje de su vestido, y en su mente solo resonaba la melodía de p

zada, sostuvo la pequeña caja entre sus manos temblorosas. La entregó, y Amelia

ta conmigo -i

un susurro, quebrada, casi inaudible. Su pro

ra con firmeza, deslizando el anillo en el dedo de Amelia con un g

os aplausos estallaron en la sala, co

emente invasivo como para que Amelia apenas pudiera soportarlo. Cerró los ojos con fuerza,

en ese contacto, mezcla de repulsión y de un extraño cosquilleo que no quería reconocer. ¿Era atra

l auto de lujo que los esperaba. Amelia, aún con el beso clavado en los labios como una herida, se dejó gu

ó a ver su propio rostro. No era el de una novia feliz, sino el

er de cuento: una pareja recién casada, rodeada de luces, flores y promesas de futuro. Pero den

ía los últimos detalles del proyecto Borbón con su equipo. Era el CEO de Montenegro Design Group, la firma más prest

zaron a rodar silenciosas por sus mejillas. Recordaba la carta de aceptación a la Academia Harmonia de Piano, el lugar donde siempre había soñado e

r; estaba convencida de que él se reiría, de que menospreciaría sus sueños como simples caprichos de una niña

melia sonrió débilmente, aunque por dent

puntuales, pero poco a poco su rebeldía empezó a filtrarse en gestos pequeños: retiraba con brusquedad la mano cuando Darío intentaba tocarla, bajaba l

rasera que la liberara, aunque fuera solo unos minutos. Caminaba con el corazón acelerado, la idea de escapar

tido-. Ese traje también lo eligió Darío para ti. Pensó en cada detalle, inc

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