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Historia

Capítulo 5 Altitud de Silencios.

Palabras:1075    |    Actualizado en: 21/04/2026

azos, como si el tiempo hubiese retrocedido y Amelia

cluso cruel. Pero lo que él y yo queremos para ti no es encerrarte en un destino sin alma. Queremos que tengas

ño fruncido, dudando ent

ste matrimonio, abue

iándole la mejilla c

e revelar verdades que hoy no imaginas. A veces el amor nace de la costumbre, otras veces de una

r cuando una voz int

mano, el gesto elegante y seguro que lo caracterizaba. Su traje impecable, el

spacio y se volvió hacia él

ío. Estaba cuidándola un poco

se inclinó con r

. No sabe cuánto a

s hombres, una especie de acuerdo invisible que la envolvía sin su consentimiento. Su abue

el siguiente baile. Y después debemos despedirnos, el vuelo nos ll

ose con la firmeza cortés de Darío. Su rebeldía rugía, pero también, en el fondo, una duda nueva com

mano de Darío, mientras su abuelo los observ

dio de la pista, sostenida por los brazos firmes de Darío. El murmullo de los invitados se desvaneci

rostro hacia ella, rozan

, con esa voz tranquila que contras

s comentarios velados de las damas, las expectativas- le apretaban el alma. Movía los pies con e

do. Un beso que estalló en medio de los aplausos, vítores y risas cómplices de los invitados. Amelia abrió los ojos sorprendida, sintiendo el calor

ellado con júbilo el inicio de una nueva etapa. De pronto, la herma

reparé yo misma -dijo con picardía-. Créeme, mi herma

reír, sin responder, sosteniendo con nerviosismo el equipaje qu

subiendo al auto que los llevaría al aeropuerto. La noche seguía llena de festejo en

u tono firme y serio, como si nada hubiera cambiado. Amelia, en c

teléfono, pero cada vez que sus ojos se encontraban, ella desviaba la mirada hacia la ventana, do

ntaba si estaba escapando de sí misma o si, por el contrari

n las manos juntas al frente. Apenas bajaron del vehículo, Amelia sintió cómo Darío le entrelazab

con una leve inclinación de cabeza. Su voz transmitía res

ínculo. Caminó junto a él hacia el avión privado que los esperaba, brillante bajo las luces del aerop

ta del jet. Su sonrisa era cálida, pero sus ojos se clav

rá un honor atende

er parecían sincronizados con los deseos de Darío, como si

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