ar
evantarse. Su rostro tiene una expresión feroz y peligrosa; sus ojos me miran como si fue
ó estrellas y días de primavera? ¿Cuándo dejó de verme como
se -pide con una voz
el frío escalar por mis huesos a
que acecha a su presa. La habitación se siente tan pequeña en este momento que so
sobresalen y por un momento temo que se descontrole y su mordida se cierre sobre mí -. Si hubiera tomado a
por haber tenido un encuentro con una mujer, pero no
ió haberm
en medio de todo. Siento la rabia y el asco t
Sus garras se me clavan en la piel cuando sus ojos se vuelven amarillos y brillantes. Las venas de su cue
nozco. No pue
ue tomé y deberías estar agradecida por eso! Deberías agradecer que alguien tan importante se fijara en ti y a día de hoy, pese a tu gran incacid
hecho con aquella mujer para que yo todavía pueda olerla en él baj
más feroces que su propia rabia. No, él me gana en todo. Es superior en todos los sentidos. Lo sé desde
ó por todo lo sagrado, que estaba enamorado
e nunca me haría menos por no tener lobo, incluso dijo que no le importaba nunca tener un
is faltas, tenía una oportunidad única de formar una familia c
namorado de la sin lobo marginada de la manada. ¿Quién lo i
e romper
risse! -exige -.
, pero cuando Noah apareció, finalmente sentí que volvía a s
de trapo y yo solo puedo cerrar los ojos. Fu
lo temí en aquel entonces, tenía miedo de que llegara alguien mejor -o su pareja destinada- y Noah me hiciera a un lado, con asco, con vergüenza, apenado de haberm
debe ser fuerte, hermosa, quizás alguien i
ah solo pretendió ser d
los ojos, él está ahí, e
igo con la voz entronquecida.
do, que no vale absolutamente nada porque el brillo
ue dice me desar
cisión de mi
l desprecio con el que lo h
ías estar agradecida
ante. Noah se echa en el sofá, como quien no acaba de pisotear mi corazón y mi dignidad en fracción de minutos. Me encierro en mi habi
ré para vivir d
Tan apuesto e inalcanzable, sonriente, apuesto, y mirándome como si fuer
la manada estaba reunida, incluso miembros importantes de las manadas vecinas, Alfas y Betas del Consejo. Recuerdo lo nerviosa y diminuta que me sentía
sobre su reclamo. En aquel entonces aún no había sido marcada por él, pero to
iden se acercó a mí, en un mome
udó con un sentimiento de cabeza o con un seco «buenos días» o «un gusto en verte, Clarisse». Jamás había hecho el intento de hablarme y yo tampoco
y, a mis espaldas, lo persuadía de abandonarme. En el mejor de los casos,
fiesta, bajo un montón de ojos chismosos que esperaban
se -salud
con tanto cuidado que al
blorosos casi dejaron caer la c
articular sin sentir que
Aiden me mirar
dad en su voz, como si la palabra le fuera
impulso -. Por si lo estaba bus
con la sombra de una sonrisa que
rees que busc
ca? -pregunté
an de reojo, pero con evidente interés. Todos
a ti, solo para habla
tinente. Al instante traté de corregir mi error -. Quiero
sí lo había, r
alejase de Noah, que una hembra sin lobo no era digna para el Beta de la manada y que era mejor cortar la rela
en... -come
dejó c
hermano? -preg
iero decir, creí que diría algo como: «¿Te tengo que romper las piern
contestaba, vo
sistió, esta vez noté algo
nte. Mis mejillas se calenta
ada, pero pareció considera
á bien
Bi
estab
co me atreví a pedirlas. Él solo
esta, Clarisse. Y bi
alto de las escaleras, donde Luna Raila lo esperaba, hermosa e imponente
ermiso de su hermano para hacer un anuncio importante. Se arrodilló ante mí y sacó un collar, uno que reconocí como el que llevaban todas las
que hice después del ataque de nervios y el debate mental entre
cabezas, mirándome sin emoción. Tragué saliva, recordan
s, pero sus ojos lo dijeron t
atisbo de sonrisa en el rostro del Alfa Aiden. Eso me dio la c
no de un amor tan puro que se me apretó el corazón. Cuando me colocó el collar fren
olgada del brazo del A
í y supe que nunca podrí
cias -
zaron. Cuando se giró hacia la manada, el rostro se le endureció, call
a mí e hizo al
mi Beta y mi mano derecha, como su pareja, tú serás mi otra mano d
jamás cuestionó nuestra unión y nadie volvió
esos días es

GOOGLE PLAY