con la vista fija en las calles semivacías y las manos aferradas al volante forrado en cuero con una fuerza innecesaria. En el asiento del copiloto, Marta
do con un peligro inminente. Ninguno de los dos pronunció una sola palabra. No hacía falta. La farsa del documento olvidado era un velo
realidad del lugar pareció golpear a Marta. Aquel era su lugar de trabajo. El templo de la lógica, las jerarquías y la
otro hacia los ascensores privados, manteniendo una distancia que, bajo cualquier otra circunstanci
inado por una lámpara fluorescente, rompía la oscuridad. El guardia de turno, un hombre m
aludó el guardia, visiblemente nervioso
a junta de mañana. No tardaremos -respondió Adrián con esa v
ía intacta su armadura de director general mientras por dentro albergaba intenciones
Adrián pasó su tarjeta de acceso negra por el lector. Un pitido agudo
parecía no tener suficiente oxígeno para dos. Adrián presionó el botón del piso cua
mbio de presión en los oídos eran los únicos indicadores de movimiento. Marta fijó la vis
esabrochó el único botón de su chaqueta de traje y, con un movimiento lento y deliberado, aflojó el nudo de su corbata apenas un centímet
seda de su vestido al moverse, el calor que irradiaba el cuerpo de Adrián a escasos centímetros del suyo. La tensión era tan densa que c
39..
y las puertas se abrieron hacia l
redes de cristal, alfombras gruesas que absorbían el sonido y un silencio catedralicio. Al dar el primer paso fuera del ascensor, los sensores de movimi
único sonido que rompía la quietud de la madrugada. Camin
Adrián giró la llave, empujó la pesada hoja de
aba el centro de la habitación, flanqueado por estanterías repletas de tomos legales y financieros. Detrás del escritorio, un ventanal de sue
y definitivo, hizo que el pulso le saltara en la garganta. Estaban completamente aislados de
echa y lo hizo a un lado para revelar una pequeña caja fuerte digital incrustada
, sacó una carpeta de manila sin etiquetar y la arrojó sobre la superficie inmaculada de
umento falso. El pr
Inclinó la cabeza hacia adelante, como si estuviera tomando aire antes d
habría tomado la carpeta, preguntado si necesitaba algo más y se habría retirado con u
la suya bajo la mesa del restaur
. El suave golpe hizo que Adrián girara la cabeza lentamente para mirarla por encima
perdido cualquier rastro de neutralidad corporativa. So
ia entre ellos, sintiendo cómo el miedo y la adre
no vinimos aquí por
ro de esas cuatro paredes. La palabra quedó flotando en el aire, pesada y

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