a sentada en la parte trasera de un Maybach negro, masivo y blindado, envuelta en la penumbra que proporcionaban los cristales profundamente tintados. No habí
lias, limpias y exclusivas, hasta que el vehículo se adentró en el aparcamiento subterráneo del rascacielos residencial más alto y cod
locidad que le provocó un leve zumbido en los oídos. Ochenta pisos en cuestión de segundos. Cuando las puertas met
ontuvo el aliento, esta v
echo que ofrecían una vista de 360 grados de la ciudad. Estar allí era como flotar por encima del resto de los mortales. No había cuadros cálidos ni alfombras acogedoras; la decoración era de un minimalismo estricto
verdad? Es el
oda cortesía, provino de las so
aba un traje oscuro que no lograba disimular la musculatura tensa de un depredador físico, muy diferente al poder intelectual de Dante. Tenía el cabello corto, casi al ras, y una cicatriz pál
ellos con pasos silenciosos-. Jefe de Seguridad Global de Industrias B
ainteligencia, y el perro guardián más letal y leal de Dante. Si Dante era el estratega, Elias era el ejecutor. Y, a diferencia de su jef
orrea de su bolso con ambas manos frente a
distancia, analizándola de pies a cabeza con la misma
orita Rojas. O, mejor dicho, sé
ena parpadeó rápidamente, forzando un dej
ere decir. El señor Blackw
los bolsillos del pantalón, aunque su postura no se relajó en absoluto-. Él vio en usted un medio para un fin. Un currículum manchado de deudas y
sofás de cuero negro. El miedo que proyectaba era su escudo, pero por dentro, la mente de Siena trabajaba a mil por hora. Camila le
nes de desalojo... Es un cuadro de miseria pintado con una precisión asombrosa. Demasiada precisión. Nadie cae tan bajo sin cometer errores estúpidos en el camino, sin arrestos menores, sin
o pude. Si le parece extraño que no tenga antecedentes penales por inte
seca, un sonido rasposo
as que intentan infiltrarse en los imperios ajenos. No sé cómo logró engañar a los analistas de inteligencia de la empre
nstinto, y en un tribunal de leyes o corporativo, el instinto no valía nada sin documentos que lo respaldaran. Tenía que m
ibremente en sus pupilas. Respiró de forma entrecortada y
a. Él lo compró todo. Me compró a mí. Si usted me echa a la calle ahora, no duraré ni una semana.
la mandíbula de Elias se tensó. El problema con los perros guardianes paranoicos es que, si le
e es quien manda. Pero escúcheme bien, futura señora Blackwood. Esta casa es mi dominio. Cada cámara, cada
hacia adelante, su rostro a e
ante, en los servidores de la casa o haciendo preguntas que no corresponden a una esposa trofeo, no acudiré a
intiendo débilmente,
nte satisfecho con haber ater
ontrará el guardarropa aprobado. Dante llegará a las nueve para
illo del ala este con la misma eficiencia silenciosa con la que
ándose de que los latidos erráticos de su corazón se estabilizaran. Escuchó el zumbido de la ventilación. Bu
s ni de pánico. Su rostro era una máscara de absoluta det
Había visto a través del disfraz en el primer asalto. Pero él solo era un muro más alto que escalar. Elias controlaba la seguridad fís
Su nuevo campo de batalla. La partida acababa de volverse infinitamente más complej

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