gruesa alfombra resonó en la Sala Magna con
jeres más influyentes del sector financiero del país, se apartaron de la pantalla de proyección para clavarse en la esquina sombría d
cas, detuvo su puntero láser en seco. Su rostro enrojecido p
contra las paredes de nogal-. ¿Quién diablos es usted
o fuera audible. Sus palmas sudaban, pero su voz, cuando finalmente
iones Estratégicas y la secretaria de actas suplente para esta junta. Y me he
ente corporativo a un insecto intentando detener un tren de carga. Varios directores soltaron risas secas
palma de la mano-. ¡Seguridad! Saquen a esta insolente de aq
ron un paso al frente, pero Isabella no se encogió. Sabía que tenía una v
o de ciento cuarenta millones de dólares -declaró Isabella, alzando la voz por encima del caos incipiente, proyectándo
altierra, perder dinero era el único pecado imperdonable. Los guardias dudaron,
ero llamado Arturo Montes, ajustó sus gafas y miró a Isab
de Vargas-. Y sea breve. Si está desperdiciando nuestro tiempo, me aseguraré
ento. Los números no mentían, n
minada-. Eso es aceptable para activos fijos en un entorno estable. Sin embargo, la infraestructura tecnológica del Proyecto Aura está ubicada en la región de Hong Kong. Hace tres semanas, la aut
ente, pero intentó mante
impacto es mínimo, ya está contemplado e
i ustedes revisan el anexo 4-B de sus carpetas y cruzan los valores de los servidores con la nueva tasa impositiva, verán que el déficit supera l
El único sonido era el frenético crujir del papel grueso mientras Montes y los
violentamente. Miraba a sus colegas, intentando leer sus
idos en los márgenes del documento, frunciendo el ceño cada vez más. El reloj de pi
la pluma sobre la mesa. El so
sta, ignorando a Vargas, y miró directamente a Isabella-. Tiene razón. La proyección está infla
s y exigencias dirigidas hacia un petrificado Roberto Vargas. La victoria de Isabella
renalina. Había cruzado el punto de no retorno. Acababa de salvar a la corporación, pero también había humillado públi
diendo la suspensión inmediata de la votación, Isabella sintiabecera de la mesa ovalada. La silla principal había estado ocupada durante toda la reunión por una figura que no había pr
el clamor de la sala de juntas se apagó al instante, co

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