que era una trabajadora sexual. Y eso formaba parte de su plan. Qu
iban a vender, más valía que fue
to. De acuerdo». Él no volvió
del desastre que estaba montando en él. El agua sucia de la lluvia man
aban sobre los suelos de mármol pulido. Los techos espejados la asaltaban con su propio reflejo. Emma se dio cuent
na elegante recepcionista lo sa
dijo efusivamente. Emma vio que en la etiqueta con el nombre de la recepcionista ponía: Gina. Bueno, Gina parecía muy preocupada por la satisfacción
él-. Y llámame Will -le gu
Gina. Emma mantuvo la cabeza gacha mient
bió a la garganta.
carrearle toda una serie de nuevos problemas. ¿Cuánto estaba dispuesta a
ra lujoso, en tonos blancos y cremas, con detalles dorados. Se apretó el bolso contra
miró fijamente. Era, sin duda, muy guapo y una opción mucho mejor que algún viejo pervertido que hacía tratos para
che. Iba a proponerle a este hombre que le pagara por sexo. Era pura desesperación.
te quedes
al dejar caer gotas de agua sobre la lujosa a
sécate. -Will señaló h
erta. Más mármol y oro. Una enorme bañera dominaba la estancia. Había tantos pomos y mandos. Docenas de velas perfumadas, frascos de pro
vía así. Pero mientras contemplaba aquella habit
ro lado de la puerta del baño. La abrió y se sorprendió a
o los ojos en blanco y se acercó a ella. Se quedó tan cerca
a ella. Se vio obligada a retroceder hasta que llegaron a la bañera. Se inclinó sobre ella y abrió el
s les gustaba esa actitud inocente, pero a él no. Ojalá de
bía vuelta atrás. Tendría que aceptar que no era mejor que Jane o Anna. Ni siquiera que Vivian. Iba a utilizar a ese hombre para conseguir dinero. Tení
una chica cuya alma se había ahogado en la tormenta del día la miraba fijam
un desconocido por dinero. De alguna manera tengo que convencerlo
uería de ella. Y sabía lo que ella quería de él. C
en el borde de la cama. Llevaba la camisa quitada y E
rpo temblando ante la realidad de su situación. La sangre le
la vuelta de modo que ella quedara tumbada de espaldas en la cama. No hubo tiemp
preparaba. Ya está. Sus ojos recorrieron to
que les guste eso, pero no es lo mío. Está claro que te gusta lo que ves -susu
-intent
a pensó que iba a explotar allí mismo. Quizá fuera porque acababa de tener el peor día de su vida, o porque se había
Emma. «Solo un t
o, se repitió a sí misma. Emma se echó
desvanecía, y de repente, había otra persona allí. Parecí
e -su
nsible. Ahora se mostraba dulce y tierno. ¿Estaba bien? Sus labios se po
rse perderse por completo, recordó sus palabras. No te besa
ace, había ocupado el lu

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