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Historia
Dianco. El Nacimiento del Alfa de Hielo.

Dianco. El Nacimiento del Alfa de Hielo.

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Capítulo 1 El Cristal Roto de Aethelgard.

Palabras:1573    |    Actualizado en: 03/06/2026

a longevidad y el poder. Era un territorio de relieves dramáticos, donde las montañas de cumbres perpetuamente nevadas vigilaban las ciudades de mármol como centinelas

, el aroma del poder establecido que sol

no florecía. De esa unión de linajes puros nacieron los pilares del fu

ldeado sin piedad para ser un depredador implacable en el campo de batalla, un estratega capaz de ver tres movimientos por delante de sus enemigos y un líder de sabiduría precoz. En Aethelgard todos esperaban el despertar de su lobo interno, una bestia que la línea

u amor ciego por Aurora. Durante casi una década, su tiempo y su alma habían sido de total entrega hacia ella. Para protegerla de las víboras de la corte, le construyó un

ecreto ancestral, un silencio absoluto y casi tangible se derramó sobre Aethelgard. Las avenidas quedaron desiertas, los carrua

se escabulló. Su corazón, usualmente una máquina de precisión militar, latía con una calidez inusual. Quería sorprender a Aurora, la mujer

ojos. Dianco avanzó por el pasillo sin hacer el menor ruido, guiado por una extraña tensión que flotaba en

le desgarró el pecho, cómo se besaban apasionadamente mientras las manos del intruso tocaban los pechos de la mujer que él había venerado durante casi una década. Su mente táctica, fría incluso en

a un lobo dentro de él que guiara su furia. En su lugar, ocurrió algo mucho más aterrador: su mente y su carácter se transformaron en un bloque de hielo sólido que se expa

ido en una máscara de frialdad inhumana, abandonó la propiedad. Sus pasos resonaron con un eco metálico

. A lo lejos, el tañido de las campanas del palacio comenzó a llamar al banquete real, un sonido que ahora llegaba a sus oídos carente de cualquier significado. En ese

de linaje real, un poder de sangre que poseía aun antes de su transformación física. Cerró los ojos,

Ven a la p

mantel de un rojo profético. La urgencia gélida que emanaba de la mente de Dianco era tan abrumadora que Carlos salió de s

s con el aliento entrecortado-. Te ves...

azul glaciar estaban fijos, va

onado -soltó con una voz

traición al heredero de la coro

me detalles

u muro. Lo miró fijamente, sente

decir absolu

la máscara perfecta e inexpresiva del príncipe heredero. Entró en el gran salón justo cuando

rvó el Rey Filippo con su

frente a su hermana Lira-. Me distraje en la biblioteca real

l tormento silencioso del príncipe. Fue entonces cuando Dino, e

en orden. He venido a pr

o la reina con una sonrisa-. Quédate pa

Dianco, hiperalerta tras el golpe de la tarde, notó un sutil parpadeo de nerviosismo en la mirada del general y una rigidez antinat

se despidió. Nadie en la mesa sospech

que un agotamiento de g

reclama -murmuró Filippo, extrañado al sentir c

r la máscara. El alcohol empezaba a nublarle los s

é también. Q

s, las luces del sector alto parpadeaban, recordándole el lugar exacto donde su alma humana había sido ejecutada. Un gemido sordo escapó de su gargant

traición, Dianco se quedó profundamente dormido. Fue un sueño pesado,

do el reino y preparando el escenario para el nuevo, implacable y calculador gobernante, cuyo prime

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