s jugueteando nerviosamente con el borde de una servilleta de lino; él, con la mirada fija en los
areció po
a de su hermana. No tenía hambre. Estaba allí por puro comprom
el salón parecía resonar con una fuerza ensordecedora. Las dos sillas de
silencio con una nota de ansiedad que cortó el aire como un cuch
levantó la vi
muy cansados -respond
sto. El peso de la corona no es ligero
eplicó Lira, leva
strándose contra el mármol
n el primer rayo de sol. Siem
or. Sus pasos rápidos resonaron por los pasillos de piedra,
ercambiaron una mi
puertas de roble grabadas con el
recibió fue de un
amente arropados, como si estuvieran
endo el aliento, y tocó
ó no era el del c
n alarido desgarrador, una onda de choque de dolor puro que sacudió los cimi
ísono, derribando sus copas de agua. Al escuchar aque
en dos, con el corazón marti
Sus ojos recorrieron la escena: su hermana colapsada en el suelo, afe
tal desesperado. «¡Dino! ¡Dino, responde! ¡E
l ejército estaba muerto. No había eco, n
enes mentales, abriendo el
ari, necesito tu presencia ahora
, el pasillo se llenó
lia, irrumpió con el rostro desencajado, seguido
tras ellos con la respiración entrecort
os soberanos, se volvió hacia el médico
as, lo que sea! ¡Sácalos de ese estado
o. Revisó los pulsos en las carótidas, levantó los p
llanto ahogado de Lira. Tras lo que pareció una eternidad, el médico
e vida los ha abandonado hace horas. Sus lo
stancia, haciendo vibrar los cristales de las ventanas mientras se desp
inconsolable, aferrándose a él en busca
al. Se acercó al príncipe y colocó una mano firme y pesada sobre su hombro, un gesto que pre
teza -dijo con gravedad, r
ejaban solo dolor, sino el brillo calculador de q
usurro cargado de una preocupación pragmática. -¿Qué vamos a hacer a
iempo. El pueblo empezará a notar la ausencia, y los protocolos fúnebres d
abía puesto en pie. El príncipe ya no lloraba. Sus ojos azul glacia
ntenida-. Tenemos que informarle al pueblo de Aethelgard. ¿Qué les dire
s cuerpos de sus padres, mirando haci
e hacia Otelo con una mirada que hizo que el veterano retrocediera un paso-. Algo sucedió aquí.
bitación, y su aura de poder se expandió, l
el personal... absolutamente todos, desde el gran mayordomo hasta el último sirviente de las cocinas y cada guardi
orden de detención masiva, el príncipe lo detuvo con u
diato. Busquen al Doctor Max, el médico de confianza personal de mi padre. Él es el único en quien confío para esta tarea.
ntió con
o y el palacio comenzaba a sumirse en el caos de las detenciones y los interrogat
y soñaba con refugios emocionales
aba de cada sombra y que buscaría la verdad a
lgard se había cong

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