img Dianco. El Nacimiento del Alfa de Hielo.  /  Capítulo 2 El Amanecer De Cenizas. | 11.76%
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Historia

Capítulo 2 El Amanecer De Cenizas.

Palabras:1328    |    Actualizado en: 03/06/2026

s jugueteando nerviosamente con el borde de una servilleta de lino; él, con la mirada fija en los

areció po

a de su hermana. No tenía hambre. Estaba allí por puro comprom

el salón parecía resonar con una fuerza ensordecedora. Las dos sillas de

silencio con una nota de ansiedad que cortó el aire como un cuch

levantó la vi

muy cansados -respond

sto. El peso de la corona no es ligero

eplicó Lira, leva

strándose contra el mármol

n el primer rayo de sol. Siem

or. Sus pasos rápidos resonaron por los pasillos de piedra,

ercambiaron una mi

puertas de roble grabadas con el

recibió fue de un

amente arropados, como si estuvieran

endo el aliento, y tocó

ó no era el del c

n alarido desgarrador, una onda de choque de dolor puro que sacudió los cimi

ísono, derribando sus copas de agua. Al escuchar aque

en dos, con el corazón marti

Sus ojos recorrieron la escena: su hermana colapsada en el suelo, afe

tal desesperado. «¡Dino! ¡Dino, responde! ¡E

l ejército estaba muerto. No había eco, n

enes mentales, abriendo el

ari, necesito tu presencia ahora

, el pasillo se llenó

lia, irrumpió con el rostro desencajado, seguido

tras ellos con la respiración entrecort

os soberanos, se volvió hacia el médico

as, lo que sea! ¡Sácalos de ese estado

o. Revisó los pulsos en las carótidas, levantó los p

llanto ahogado de Lira. Tras lo que pareció una eternidad, el médico

e vida los ha abandonado hace horas. Sus lo

stancia, haciendo vibrar los cristales de las ventanas mientras se desp

inconsolable, aferrándose a él en busca

al. Se acercó al príncipe y colocó una mano firme y pesada sobre su hombro, un gesto que pre

teza -dijo con gravedad, r

ejaban solo dolor, sino el brillo calculador de q

usurro cargado de una preocupación pragmática. -¿Qué vamos a hacer a

iempo. El pueblo empezará a notar la ausencia, y los protocolos fúnebres d

abía puesto en pie. El príncipe ya no lloraba. Sus ojos azul glacia

ntenida-. Tenemos que informarle al pueblo de Aethelgard. ¿Qué les dire

s cuerpos de sus padres, mirando haci

e hacia Otelo con una mirada que hizo que el veterano retrocediera un paso-. Algo sucedió aquí.

bitación, y su aura de poder se expandió, l

el personal... absolutamente todos, desde el gran mayordomo hasta el último sirviente de las cocinas y cada guardi

orden de detención masiva, el príncipe lo detuvo con u

diato. Busquen al Doctor Max, el médico de confianza personal de mi padre. Él es el único en quien confío para esta tarea.

ntió con

o y el palacio comenzaba a sumirse en el caos de las detenciones y los interrogat

y soñaba con refugios emocionales

aba de cada sombra y que buscaría la verdad a

lgard se había cong

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