img Embarazada de mi Arrogante Jefe  /  Capítulo 4 El precio de la verdad | 3.51%
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Historia

Capítulo 4 El precio de la verdad

Palabras:1281    |    Actualizado en: 10/06/2026

cionera que podía romperse en cualquier milisegundo con el aullido de una sirena de ambulancia o el pitido en código rojo de un monitor. Me encontraba en la estación de

en la silla de plástico de al lado, ofreciéndome un vaso de cartón con café humeante-.

aceptando el café como

írculo universitario; el anestesista bonachón que prefería la

ndo los talones de sus zapatos en un escritorio vacío-. Para todos nosotros, eras simplemente "la chica que desapareció

mentos, se tensó visiblemente al escuchar las palabras de Santi. No se giró, pero su espalda anch

nte la nuca de Ian, desafiándolo en silencio a pesar de que él seguía dándome la espalda-. Es curioso, Santi. He tenido tant

ules estaban oscuros, casi negros, cargados de una tormenta elé

ás mínimo ahora, Harrington. Eres una R1 y punto -

con una valentía suicida que no sabía que poseía-. Pero hubo un apodo en la facultad que si

ladeando la cabeza. Ian entrecerró los

eguntó Santi con una

ia, dejando que las palabras cayeran con el peso

boca abierta, el vaso de café a medio camino de sus labios. La mandíbula de Ian se ap

y su tono jovial se transformó en una sú

risa triste, sintiendo el peso de mis recuerdos-. Escuché cada una de sus risas en los

arte después, me sentí fatal por no haber tenido los pantalones de avisarte de la estupidez que Ian y Mark estaban planeando en ese vestidor. Ahora miro

tocando su brazo-. Eras su amigo. Las lealtades

madrugada. Dio tres pasos rápidos e implacables hasta quedar a escasos centímetros de mí; su impo

unté, incrédula

rentarme como una mujer, en lugar de decirme a la cara la basura que habías escuchado, hiciste lo que mejor sabes hacer: huir. Te fuiste como una rata asu

contenida me quemaban los ojos-. ¡Le pusiste un precio de cien dólares a mi primera vez! ¿Qué querías que hiciera? ¿Que me

lpeando el mostrador de madera de enfermería con el puño cerrado-. ¡Pero no! Preferiste borrarte y dejarnos a todos con la ma

la pelea como un bisturí. Venía acompañada de Marcos, otro de los médicos del

o de Ian, pero su mirada estaba fija en mí, ca

l dorso de la mano y recuperando el control de mi voz-. Tiempos universitarios en los que algunos de aq

cer hasta la médula. No era el desprecio de alguien que ha olvidado el pasado; era el odi

gélido, profesional e implacable-. Tu turno de guardia aún no termina. Y no vayas a creer que menci

ra. Elena se acercó rápidamente y puso una mano firme en mi hombro, apretándolo con fuerza en señal de apoyo, mientras Marcos y Santi intercambiaban una mirada carga

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