lara, su presencia expandiéndose hasta parecer eclipsar la luz misma de la habitación. La inten
eguntó Silas, su voz vibrando con una furia que hizo que l
arriba abajo con un gruñido despectivo-. ¿Eres tú quien la metió de contrabando aquí? -se mofó, señalando vagamente
ia adelante, su sombra
cabas d
azo alrededor de la cintura de Beatrice-. No querrás que te echen d
sión cambió de arrogancia a un terror puro y absoluto. Lo había reconocido. Todos en el círculo intern
... baj
¿Me hablas así cuando estás aquí conmi
plicó Beatrice, su mano temblando mi
o se volvieron más agudo
e le habla con tanta a
a invitación? ¿Ahora los Alfas ordinarios de
bestia a la que nadie se atreve
todos, mirando a Bea
? Mírame, soy el exmarido de esta muj
marido de la
oda la sala giró. La multitud se abrió como el Mar Rojo mientras un hom
Ca
r, con hombros lo suficientemente anchos como para cargar el peso de una nación. Su cabello oscuro estaba peinado hacia atrás, enmarcando un rostro increíblemente apuesto, pero tallado en gran
alguien-. Ese loco está tan
éndose a escasos centímetros de Greene. Silas se hizo a un lado, cediend
y de nuevo a Elara. Un destello de duda cruzó por fin su
ro sé que soy el exmarido de esta m
la de Calv
el exmarido de la Alfa Vance. Podrías
cen! -Greene se giró hacia la chica, pero Beatrice ya es
z cortando su pánico como un bisturí. Giró su mirada fría hacia la
dirse con el suelo. Ni siqu
a gesticular hacia el salón-. Ve a buscar a tu padre, Beatrice. Me e
atrimonio? -p
acomodándose las solapas c
es como con los Omegas, que no tienen un matrimonio real, simplemente se quedan con
si diez metros. El aire se volvió pesado, denso, con un matiz metálico de la furia de una Alfa dominante. Solo los otros depredadores ápice -Calvin, su padre y unos pocos Alfas dominantes- no se vieron afect
eene, con la voz quebrándose mientras intentaba taparse la n
n le trajo recuerdos de su infancia, de cuando entrenaban hasta que el aire parecía arder. Se cone
leno de incredulidad-. ¿No quisiste que fuera tu pareja para estar con
n, cál
taminando la fiesta. Hay Omegas en este edificio, Elara. No
s blancos al aferrarse al respaldo de una silla. Intentaba mantener la compostura, pero el sudor empapando su traje lo delataba. Las feromonas
detenerse! -gritó Greene, con la voz cargada de pán
o hacia él, su s
er de las feromonas
rse, pero la burla murió cuando e
riblemente vulnerable. Sus propias feromonas Omega escapaban de él en una avalancha desesperada e incontrolable, despojándolo por completo ante la p
a con dificultad cuando el dul

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