estaba prácticamente vacío, salvo por un camionero adormilado en una esquina y el camarero, un hombre mayor que limpiaba la
xplote la vejiga -anunció Isa,
nó con un contoneo perezoso, haciendo que los tres piercings de su oreja izquierda y el de la nariz destella
mente al vino para ir entonando el cuerpo? -preguntó
Asun-. El vino lo dejamos para cuando tú no estés al volante, que no quiero
, y su generoso muslo quedó justo a la vista de Jandro. Se apoyó en la mesa, dejando que el escote de la camiseta gris de
o fijamente a los ojos-. Pensaba que los del cuerpo teníais más
erse en la tensión de sus vaqueros. El policía apoyó sus manos grandes sobre las rodillas, abriendo las piernas. El chándal gris, de una
con voz más baja, casi ronca-. Pero todo a su debido tiemp
ba entre su mujer y su cuñado le estaba endureciendo la polla dentro de los calzoncillos. Conocía a Asun; sabía que cuando se ponía juguetona no ha
dejando tres tazas humeantes sobre la me
ndo su hombro con el de él. Traía los labios recién pintados de un rojo osc
e su marido sin pedir permiso-. Aunque yo que tú me daría prisa. El cielo se está po
rgo a su taza-. Pero Isa tiene razón, es mejor no entretenerse. Queda la últ
a camiseta gris que, de nuevo, insistía en
in mí -dijo, guiñándole un ojo a
nte el vaquero ajustado, que se amoldaba a la perfección a ese culazo redondo y firme que desafiaba la grav
tención en la carretera con eso sentado al lado -soltó el
jada y se recostó en e
e creas que tu mujer se queda atrás. Ese ve
ercing de su lengua contra los dientes su
lla, estirando sus piernas largas bajo la mesa, rozando accidentalmente, o no, el t
e van de vacaciones; el tono era el de tres cómplices que sabían perfectamente que cru
de nuevo al aparcamiento de grava. El aire de la montaña se había vuelto notablemente más frío, y el vien
lla se detuvo a escasos centímetros de su pecho imponente. Podía oler la colonia barata y masculina del policía, mezclada con
baño, cuñada? -preguntó
sus pechos grandes contra los pectorales duros de él-. Es que me gusta tomar
e Isa se quedaron estáticos en el otro lado del SUV, contemplando el duelo. El policía, con un movimiento lento, extendió la mano y
r se está poniendo nervioso -
l. Manuel rodeó el vehículo, se subió y arrancó el motor. Al meter la primera marcha, miró de reojo a su mujer; vio cómo su
ave de lo habitual-. Que "El Roble Viejo"
esa mientras las primeras gotas de lluvia comenzaban a estallar con fuerza contra el

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