o para apartar las cortinas de agua que golpeaban el cristal, aislando el habitáculo del resto del mundo. Dentro, la calefacción creaba un microc
léctrica que le bajaba directo a la entrepierna. A su lado, Asun parecía saborear el efecto que su descaro había tenido en el grupo. Se había subido las rodillas contra el pecho, abrazá
e del espacio, con una mano apoyada sobre su propio muslo, donde la tela gris del chándal seguía acusando el roce con Asun. Isa, apoyada contra
enas iluminado por los faros-. El navegador dice que estamos a menos de dos kilómetros
stido negro de punto cediera, dejando ver la clavícula pálida y el inicio de la tinta que decoraba s
in apartar los ojos de la nuca de Asun. Extendió su mano grande y la deslizó por el cuello de su mujer, hundiéndola
ó al vuelo. Ella estiró una mano y la puso sobre la ro
r, Manuel. A ver si vas a tener que
suficiencia mientras giraba el volante a la derecha-. Además, en "El Roble Viejo" no hay comi
de la montaña leonesa, apareció el caserón. "El Roble Viejo" era una construcción imponente: piedra de sillería oscura, ventanas de madera noble con contraventanas interio
lo más cerca posible
ruendo del agua golpeando la chapa-. Jandro y yo bajamos las maletas pesadas del maletero. Vosotras entrad corriendo
-soltó Asun con doble sentido, abri
a de un tirón. Su camiseta gris se empapó al instante en los pocos segundos que tardó en cruzar el porche, pegándose a su piel como una segunda capa y trasluciendo de forma obscena el enc
ero. El aire frío de la noche les dio de lleno, pero ninguno parecía sentirlo. El policía agar
ia la puerta de entrada donde las dos mujeres se sacudían el agua-. T
Mencía y miró de frente a su cuñado. La complicidad mascul
rfectamente cómo la mirabas desde atrás. No
sin un ápice de culpa, y golpeó
ue Isa lleva todo el camino jugando con el metal de la boca pensando en lo que v
he, empujando la pesada puerta de roble
s de piedra vista daban una sensación de aislamiento absoluto. No había nadie en la recepción; el dueño, un paisano de la zona con el que Manuel había cerrado el trato, les había
ahora húmeda, dejaba ver con total nitidez el contorno generoso de sus pechos de talla 90, que subían y bajaban debido a la carrera. Isa, con el pelo chorreando so
e piedra que subían a las habitaciones-. Parece que estemos en otra época. Aquí
sus brazos fuertes, sin importarle empaparse con la humedad del vestido. Le apartó el pelo mojado
vida, porque pienso hacer que te oigan des
lado de Asun. Le pasó una mano grande por la espalda baja, hundién
l deseo-. El comedor de abajo nos espera con la cena, y tengo tres botellas de Mencía deseando q
Manuel, y luego fijó sus ojos en Jandro
sa de mano-. Que tengo frío y necesito que a
ntenidas rebotaban en las paredes del viejo caserón, mientras fuera, la tormenta de la montaña leonesa golpeaba con fuerza los

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