los, el aislamiento fue absoluto. La habitación era amplia, rústica, dominada por una imponente cama de matrimonio con dosel y sábanas blancas que contrastaban con la
, se le pegaba al cuerpo como una segunda piel, trasluciendo de forma obscena el encaje rojo de su sujetador. Manuel no esperó. Se acercó a ella con paso firme, arrastrado por un deseo que le quemaba las entrañas desde que
l encaje rojo, mostrando el destello plateado del piercing en el pezón derecho, que ya estaba completamente endurecido por el frío y la excitación. Su cintura era grande, suave y continua, una curva de carne exuberante y profundamen
una posesión brutal, antes de deslizar los dedos hacia abajo para atrapar la redondez de su culazo a través del vaquero húmedo. Su
terrando la cara en el hueco de su cuello, respirando
o de su marido. Le acarició la espalda, sintiendo la solidez de sus
ole levemente el lóbulo de la oreja-. Acabamos de llegar. Tenemos todo
Las cortinas de lino blanco eran finas, casi traslúcidas. A través del cristal empapado por la tormenta exterior, una luz
de agua de la ducha. Isa apareció justo detrás de él, creando un contraste perfecto. Su cuerpo era delgado, estilizado, de cintura estrecha y piernas largas, cubierto casi por entero por una intrincada re
visible. El policía no apartó la mirada; al contrario, abrió las piernas y se pasó una mano grande por su polla, que ya se estaba despabilando con rapidez, ganando grosor desde la base y apuntando con fuerza hacia arriba. Isa, al darse cuenta de hacia dónde miud deliberada, se soltó del agarre de Manuel y se dio la vuelta, quedando de espaldas a los cristales, ofreciendo a la habitación de al lado una vista impagable de su enorme trasero mientras se desabrochaba el botón de los vaq
jos de enfurecerlo, le estiró la polla hasta el límite del dolor. Agarró a Asun por las caderas y la guió ha
iercing del pezón derecho, tirando de él suavemente con los dientes mientras ella gemía contra las baldosas de piedra. Asun, por su parte, se agachó para atrapar la polla de Manuel, que brillaba, larga y p
dose el pelo mojado de la cara-. Lo quiero todo aba
uego de anticipación. Manuel se puso una camisa limpia de lino oscuro que remarcaba su porte robusto. Asun, con la piel aún enrojecida por el agua caliente, se colocó de
ba adivinar la firmeza de sus pechos y el relieve inconfundible de sus dos piercings. Jandro se enfundó una camiseta negra tan ajustada que parecía a punto de reventar a l
oche. Las puertas de las habitaciones tres
ros directamente en la blusa desbocada de Asun y en esa cintura grande que se movía con un descaro insoportable al caminar. Manuel, por su p
Manuel, con una voz profunda q
de Asun. Su hombro fuerte rozó el de ella, y al
un hambre de lobo... y tengo la impresión de que
s escaleras de piedra hacia el comedor, con el sonido de sus pasos compasados y el deseo ardiendo en sus sangres, listos par

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