img El despertar de la luna Rechazada  /  Capítulo 2 El Territorio del Monstruo | 15.38%
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Historia

Capítulo 2 El Territorio del Monstruo

Palabras:1697    |    Actualizado en: 16/06/2026

an en el barro espeso y oscuro del bosque, chocando contra raíces retorcidas y piedras afiladas que desgarraban mi piel. Ya no sentía el frío paralizante de la tor

tía como si un cordón invisible que me conectaba a la vida y a la e

e transformaron gradualmente en árboles centenarios, enormes y retorcidos. Sus ramas carentes de hojas parecían garras oscuras extendiéndose hacia el cielo tormentoso, lis

s, había cruzado la frontera maldita. Estaba de pie

as tierras oscuras. Se decía con convicción que el Rey Alfa, Kaelen, gobernaba con puño de hierro y una sed de sangre insaciable. Sus guerreros eran som

rechazada, acababa de entrar corri

es, rodando sin control por un pequeño terraplén hasta chocar violentamente contra el tronco espinoso de un árbol caído. El duro impacto me sacó el aire de los pulmones de golp

fuera un final rápido y limpio. Ser devorada por bestias salvajes era un destino mucho mejor que vivir el resto de mi inmortalidad como la des

peluznante cortó el ensorde

alrededor. Abrí los ojos de golpe, con el corazón bombeando pura adrenalina. A través de la espesa cortina de niebla y llu

s de pesadilla, bestias descomunales del tamaño de osos, con pelajes negros y grises irregulares que se camuflaban

strándome patéticamente sobre el fango hasta que mi espalda chocó contra la áspera corteza del árbol. Los gigantescos lobos cerraron el círculo letal

entir los feroces colmillos desgarrando mi frágil carne en cualquie

ataque desgarr

ta. Y junto con esa ráfaga helada, un aroma completamente nuevo y desconocido

en par. La respiración se me

o de leña crepitante, a madera de sándalo oscuro y al reconfortante e irresistible aroma del chocolate amargo recién fundido. Era una mezcla oscu

las leyendas más antiguas y empolvadas se hablaba de algo casi imposible, un raro mito que nadie cuerdo creía real: el don sagrado de la segunda oportunidad. Un segundo co

pañ

usurro de esperanza, fue un rugido enso

entes posturas agresivas desaparecieron por completo como si hubieran sido golpeados; bajaron las orejas, metieron las grue

rofundas de los enormes ár

laje era del color de la obsidiana más pura, tragándose la poca luz plateada de la luna que lograba filtrarse entre las nubes tormentosas. Sus ojos no eran del común color do

tural y aterrador que hizo temblar la tierra misma bajo mis dedos heridos. El sonido no amenazaba con lastimarme; era una clar

gigantesca bestia se transformó en un hombre en cuestión de escasos segundos, sin mostrar e

ial. Su cabello oscuro caía en ondas desordenadas sobre su frente y su rostro era una obra de arte severa y tallada en mármol, de mandíbula tensa y facciones dura

de sangre de las peores pesadillas del c

sus temibles guerreros postrados a su alrededor. Yo seguía paralizada en el suelo, temblando violentamente de frío,

nte asfixiante y cálidamente protectora al mismo tiempo. Levantó una mano inmensa, cuyos nudillos estaban cubiertos de viejas cicatrices descoloridas,

ruesos, una deliciosa descarga eléctrica recorrió cada centímetro de mi cuerpo herido, se

nuevo. Sus inescrutables ojos plateados recorrieron mi cuerpo tembloroso, deteniéndose en mis rodillas ensangrentadas, mis manos raspadas y mis pies severamente heridos. Un

extremo, el frío glacial y la montaña rusa de emociones del día finalmente cobraron su alto precio. El bosque

la que se alza a una pequeña pluma. Me apretó contra su pecho duro como una roca y ardiente como el fuego. El exquisito aro

tormenta, antes de hundirme feliz y exhausta en la reconfortante oscurida

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