img El Heredero Oculto de los Santoro  /  Capítulo 5 La mudanza y el pequeño intruso | 41.67%
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Historia

Capítulo 5 La mudanza y el pequeño intruso

Palabras:1157    |    Actualizado en: 16/06/2026

en el estómago al cruzar las monumentales rejas de hierro forjado. Gracias al adelanto de veinticinco mil dólares y a la cobertura médica inmediata del Grupo Santoro, su abuel

real, pero el precio que Camila deb

ol de la residencia. El chofer, un hombre mayor y de pocas palabras llama

ro -dijo Ramiro con un tono

e cargaba su tableta modificada y un par de cables USB, observaba el jardín inmenso a través de la ventana. Sus ojos grises, idénticos a los del dueño d

? -preguntó Mateo, arqueando una

modaba el cuello de la camisa-. Recuerda lo que acordamos: este lugar es muy grande y el dueño

lando discretamente con el dedo una de las cámaras domo de la entrada-. Las lentes so

veces la inteligencia de Mateo la asustaba. El niño había aprendido solo a leer código antes de c

de hackear cosas

o resignado, aunque sus ojos

contemporáneo y un silencio casi sepulcral que delataba la ausencia de calidez humana. Una mu

entó con una reverencia cortés-. El señor Santoro dejó instrucciones precisas.

casa de manera sutil pero clara. El ala oeste estaba estrictamente reservada para el despacho priv

ento anterior. Había una recámara principal para ella, un cuarto de juegos conectado

nta directiva -informó Martina antes de retirarse-. Si necesitan algo, p

ario. Pasó las siguientes horas desempacando sus pocas pertenencias y ayudando a Mateo a instalar sus her

bsoluta. Camila se encontraba en la cocina preparándose un té,

l pequeño genio, la curiosi

su tableta había detectado. Caminó en silencio por los pasillos oscuros, maravillado por la arquitectura de

l despacho privado de Alejandro Santoro era un santuario de tecnología: pantallas de alta definición empotradas en la pared mostrando gráficos

era el equivalente a

mente al puerto USB de la consola central del escritorio. Sus pequeños dedos comenzaron a moverse a una velocidad asombrosa sobre

ante aburrido -susurró Mateo para sí mismo, frunciendo el

en mi escritorio? -una voz de truen

y el saco en la mano. Su rostro, habitualmente inexpresivo, mostraba una mezcla de sorpresa

on una calma pasmosa, clavando sus ojos

el pecho. No era solo el color de los ojos; era la forma exacta de las cejas, la línea severa de la mandíbula en miniatura y esa mirada des

olviendo la vista a su tableta-. Cualquiera con un exploit básico de Linu

do en un laberinto de preguntas que su

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