Ser rechazada por tu pareja destinada era el peor sufrimiento imaginable.
No se trataba de un simple corazón roto; se sentía como si me abrieran el pecho a la fuerza para aplastarme el corazón con las manos desnudas.
Mi loba aullaba en mi interior, con un gemido tan desgarrador que casi me hizo perder el juicio. Luchaba y arañaba como una bestia acorralada, desesperada por liberarse.
Cada fibra de mi cuerpo quemaba. Mi sangre se sentía como fuego líquido en mis venas. Mi corazón se rompió en mil pedazos.
Era la broma más ruin del destino: encontrar a mi otra mitad solo para ver cómo destruía todo lo que nos unía.
Finalmente, mi loba se acurrucó en un rincón de mi mente, temblando como un cachorro herido.
Estaba tan orgullosa cuando encontramos a nuestro compañero. Ahora solo podía gemir confundida y dolorida.
¿Por qué? ¿Por qué nos hacía esto?
Sin embargo, en medio de la agonía, un pensamiento cobró una claridad aterradora en mi cabeza: 'Acabas de cometer el mayor error de tu vida, Zack Blackwood. Y yo me encargaré de que te arrepientas'.
...
Yo era Elara Park, una mestiza que nadie quería.
Mi madre, Nadia, era hija de un Alfa de sangre pura, mientras que mi padre, James, era humano.
Cuando mi padre estaba vivo, nuestra vida era perfecta.
Pero después de su muerte, mamá se casó con el Alfa Enzo Vance, de la Manada Amber.
Por primera vez, me vi arrastrada al mundo de las manadas, donde enseguida me convertí en un blanco fácil.
"Mira, es la mestiza".
"Su sangre humana la hace débil".
Los murmullos me perseguían a todas partes. La sangre humana de mi padre se convirtió en el arma que otros miembros de la manada usaban en mi contra.
Al principio, mamá intentó protegerme. Ella también luchaba por ganarse un lugar, tratando de demostrar su valor como la nueva esposa de Enzo.
Pero dos años más tarde tuvo a mi medio hermano, Anthony.
Entonces todo cambió. Ella se obsesionó con convertirse en la Luna perfecta, y yo me convertí en un recordatorio vergonzoso de su pasado, así que la protección cesó. Me quedé sola en un mundo que nunca me aceptaría.
Aprendí la verdad desde muy joven.
Podía asistir a las reuniones de la manada y vestir ropa elegante en los eventos importantes, pero nunca sería parte de la verdadera familia.
Porque era una mestiza con un linaje considerado inferior.
Pero Zack Blackwood era diferente.
Era el futuro Alfa de la Manada Blackwood. Un líder nato que se ganaba el respeto allá donde iba. En cada reunión, las familias más poderosas intentaban ofrecerle a sus hijas.
Sin embargo, su pareja destinada era yo.
La primera vez que nos encontramos en una reunión territorial, ambos lo supimos al instante. Mi loba se sometió ante su presencia sin oponer resistencia. Él clavó la mirada en mí desde el otro lado del salón y no volvió a apartarla.
Comenzamos lo que parecía una relación perfecta. Tuvimos citas secretas, besos robados y noches apasionadas.
Estaba convencida de que a él no le importaba mi sangre mestiza.
Me esforcé por estar a su altura: estudié la política de las manadas, aprendí los protocolos y entrené más duro que cualquier loba de sangre pura.
La Diosa de la Luna nos había dado este vínculo, así que eso debía significar que estaba destinada a ser su Luna.
Pero me equivoqué.
Sentía que los ojos me ardían mientras miraba a Zack, quien también sufría el dolor de rechazar el vínculo de compañeros. Reuní fuerzas y apenas logré preguntar: "¿Por qué?".
Él me miró con unos ojos que ya no transmitían calidez, sino frialdad y distancia. "Pensé que lo habías entendido. Eres una mestiza. Que fueras mi novia durante un tiempo ya era un honor para ti. ¿Cómo pudiste pensar que merecías ser la Luna de la Manada Blackwood?".
"Ya elegí a mi Luna. Pero no te preocupes, después de que me case con ella, puedes seguir siendo mi amante".
Así que me había engañado todo este tiempo. Lo había planeado desde el principio.
Si hubiera tenido un cuchillo de plata en ese momento, lo habría apuñalado.
Pero estaba demasiado débil, demasiado destrozada. Lo único que pude hacer fue verlo vestirse y marcharse para siempre.
Después de que se fue, la televisión empezó a transmitir las noticias sobre la Gala del Consejo.
Allí estaba Zack en la mesa principal, junto a Selina Vance, mi hermanastra.
La loba dorada de la familia Vance, el linaje más preciado de toda su manada.
Elegante, pura y poderosa, parecía haber nacido para convertirse en la futura Luna.
El titular lo dejaba muy claro: "El futuro Alfa de la Manada Blackwood aparece junto a una candidata a Luna de sangre pura. La alianza matrimonial está próxima a concretarse".
Me quedé mirando la fotografía y sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo.
Todo el mundo los felicitaba.
Todos pensaban que era lo correcto.
A nadie le importaba que la verdadera pareja destinada de Zack no fuera Selina, sino yo.
Justo cuando estaba a punto de aplastar mi celular, mi madre, Nadia, llamó.
Su voz era tan fría como el hielo. "Elara, ya tienes veintitrés años. Es hora de que aportes algo a esta familia".
La escuché mientras me revelaba el destino que había decidido para mí: "Enzo y yo lo hemos hablado. Ya organizamos varias citas para ti. Son familias Alfa respetables, con parejas adecuadas para ti".
"Si no cooperas...". Hizo una pausa, y su voz se volvió aún más fría al continuar: "Entonces puedes olvidarte de la cadena de hoteles de tu padre".
Sentí que la sangre se me congelaba.
Mi padre biológico, James Park, era dueño de una cadena de hoteles boutique, el Grupo Hotelero Park.
Cuando murió, yo solo tenía cinco años. Había hecho arreglos cuidadosos para protegerme.
Me dejó el 45 % de las acciones, convirtiéndome en la accionista mayoritaria.
Mi madre recibió el 30 % de las acciones.
Otro 15 % se distribuyó entre un plan de participación de los empleados, distribuido entre veinticinco miembros del personal principal, con restricciones contra las transferencias externas.
El 10 % restante estableció un fondo benéfico para proyectos de bienestar público.
Además de las acciones, mi padre también me dejó otros bienes: la Mansión Park, varias cuentas de inversión y sus colecciones personales.
Estas propiedades estaban directamente a mi nombre, pero eran administradas por mi madre hasta que cumpliera los dieciocho años.
Pero había una condición crucial: debía casarme antes de cumplir los veintitrés años, o los derechos de administración de todos los bienes, incluidas mis acciones, se transferirían de forma permanente a mi madre.
Ahora me quedaba solo un mes para cumplir los veintitrés.
Mi padre quiso protegerme, sin imaginar que esta condición se convertiría en la mayor arma de mi madre en mi contra.
Si no me casaba según sus deseos, podrían utilizar diversas maniobras financieras para diluir el valor de mis acciones, reduciéndome a una accionista sin poder.
Por fin comprendí la verdad.
Ella nunca había tenido la intención de permitirme hacerme cargo del negocio de mi padre. Esos bienes eran solo otro as bajo la manga, herramientas para controlarme y manipularme.
"Tienes doce horas para decidir", dijo sin una pizca de cariño en la voz. Para ella, todo era una negociación fría. "Elara, no me decepciones. Ya has causado suficientes problemas a esta familia. Deja de ser una carga".
Me senté sola en mi pequeño apartamento y empecé a reír amargamente.
¿Por qué debía seguir dejando que todo el mundo me pisoteara?
Si querían tratar el matrimonio como un negocio, perfecto.
Entonces usaría el matrimonio para contraatacar. Y lo haría con todas mis fuerzas.
"Aceptaré este matrimonio por conveniencia", respondí con la misma frialdad. "Pero cuando todo termine, no olvides devolverme mi herencia, Luna Nadia".