img Deuda de Sangre y Piel  /  Capítulo 4 Sombras en el Edén | 16.67%
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Historia

Capítulo 4 Sombras en el Edén

Palabras:1362    |    Actualizado en: 18/08/2026

el sedán blindado sobre el asfalto mojado de la Quinta Avenida. Elena permanecía erguida en el asiento trasero, alisando la seda carmesí del vestido con dedos fríos.

la dominación de Gerard en el vestidor

ino a su penthouse privado. El espacio, dominado por líneas minimalistas, mármol oscuro y

uitándose la chaqueta del esmoquin mientras caminaba hacia su despacho privado al fondo de

puerta de madera maciza del despacho se cer

cuentas insulares de Julián y los registros del antiguo fraude a Valenti Enterprises en la red privada de su estudio. Aunque él le había entregado información bajo sus

escalza hacia el despacho. La puerta no estaba con llave. El aroma a tabaco, cuero y madera llenaba la estancia en pen

nidad de almacenamiento encriptada que llevaba oculta bajo la sisa de su vestido. La interfaz de seguridad de Gerard era un laberinto complejo, pero su formac

aer en la trampa, Vanessa -resonó una voz he

un pantalón de estar de algodón gris, descalzo y con el torso desnudo aún salpicado por gotas de agua. No

silenciosos. Antes de que pudiera ponerse de pie, la mano de él se cerró alrededor de su garganta con una presión firme, aprision

inclinándose sobre ella hasta que su aliento cálido rozó sus labios-. Las reglas eran si

ontrar aire bajo la presión de sus dedos-. No puedo esper

ó él con voz grave y vibrante-. Y cuando un activo inten

da carmesí del vestido desde el escote hasta la cintura, dejando caer los restos de la prenda al suelo. Elena

ándola boca abajo a través de sus muslos. La frialdad del cuero contra su vientre y la posición de absoluto

en la firma del contrato -dijo Gerard contra su nuca, suje

e retumbó en las paredes de la oficina. Elena ahogó un grito, apretando los dientes contra el br

a -comenzó Gerard, administrando una segund

de hierro. La tercera y la cuarta palmada cayeron de manera rítmica e implacable, alternando lados, haciendo que su piel ardiera en un fuego progresivo. La humil

ira de encaje para comprobar su reacción. La encontró empapada, un testimonio

que te posea -se mofó él con voz ronca, acariciando la zona

ionó detrás de ella y la penetró de una sola embestida seca y profunda por la e

mbro la llenó por completo, desatando una fricción salvaje que rozaba el límite entre la sumisión y el éxtasis. Gerard comenzó a e

da palabra con un impacto más profundo que sacudía el cuerpo de Elena-.

las uñas en la piel del sillón, perdiénd

lpe, un colapso expansivo que la hizo estremecerse violentamente sobre las piernas de Gerard mientras gemía su nombre sin freno. Gerard sostuvo la em

sillón y la puso de pie sobre la alfombra. Elena, con las pie

to del escritorio, la guardó en s

erpo desnudo con frialdad implacable-. Ahora ve a tu habita

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