vista d
ó sin mi
ndo de reojo cómo se alejaba. No e
a opresión no era
irrit
ás com
mente lo que e
ba en mi mente con una agitación que rara vez había sentido en él,
lo impedí. Sabía que todavía profesaba aquella absurda l
s agr
mi autoridad del
ntado en ese t
as
izó. Nunca lo hacía cuando creía que yo había cometido un erro
ue Virella y el niño estaban ilesos. La abuela Maelis volvió a acomodarse e
a estancia y se
con ella -dij
carácter tan apacible como mi madre,
empo para tr
Y, antes de que descartes sus palabras... -Se detuvo para escoger con cuidado las siguientes-. Deberías r
el salón, Elvira dej
espués de tres años dirigiendo una casa, ahora imagina que ti
as con estudia
ose. No irá a ninguna parte. ¿Qué Alfa aceptaría a una
arle la
lternativa mejor. Su madre me lo
la palabra «divorcio» regresaba una y otra vez a mi m
ae
i lado, todavía debilitada
Te lo dije desde el principio: jamás permi
ví hac
risteza suavizando sus faccion
ue habrían quebrado a la mayoría. Había tomado decisiones bajo presión que salvaron muchas vidas, incluida
mano y cu
ijo. No irás a
de mi tensión. Virella no lloraba con facilidad. El
y al niño era mi
a mano para r
seguridad que no sentía del todo-. Haré que
rincipal de los aposentos de Rowe
bía recorr
de nues
relazados. Cuando prometí a su madre que cuidaría de ella, hab
as, nunca había sido
esposa que me aguardaba en casa. Quería
brí la verdad
o predestinado la abandonó cuando su familia cayó. Ella s
asado todo aqu
or el hombre que la había rechazado. Incluso hacía planes
ue hubiera sentido
torioso y ella todavía conservaba el suficiente sentido común para p
o de Luna, n
vería a ab
, ¿verdad? La voz de S
resp
No era un vínculo entre compañeros, nada tan nítido ni definitivo, sino
í en nuestra
istancia no habían conseg
na mano p
oí la voz
en derecho de familia. Alguien ajeno a
ía alimentado durante
uerta de
a prisa, ¿ve
itación. Sus doncellas se estremecieron bajo
palda rígida. El único indicio de debilidad eran sus de
o, no era más
i presencia. Velvet se
aunque sus palabras fueron audac
a carcaj
mi esposa dentro de mi propia manada? -No aparté la vista de Row
ero no reprendió a la muchac
e por aquí,
mi regreso. Y sus exigencias de divorcio no eran más que una excusa. Pretend
ció y, cuanto más la considerab
la
iero hablar a so
bas mantuvieron los ojos clavados en
retorció en
stado para que olvidaran quién
udiera actuar,
ennos solos. Puedo
justo al otro lado de la puerta. Como si yo
venido a deci
la mesa y se sirv
amilia. Salvó mi vida y la de mis soldados. Esta m
de té. Me preparé para
rió. Una sonri
ho que m
pad
... de
la cabeza-. Lleva a tu hijo. ¿De verd
i tensión
ue hayas ent
spero recibir la misma cortesía. Concéde
deberem
pacio, como si necesitara pa
l cuello con una mano. No apreté lo suficiente
do no tenías nada. ¿
prometist
zos junto al cuerpo, aunque
te a su lado y finja estar encantada
or qu
as lo suficiente para sentir los
dicto las leyes
r y retrocedió un paso, llevándose una mano a la ga
y descarnada-. ¿Pretendes convertirme en el hazmerre
ultad y se obligó a
gún cualquier criterio que importe, no somos marido y muje
cons
on en mí como una chi
la cintura con un brazo y la atraje contra mí. Ella jadeó y
a-. ¿De eso se trata en realidad? ¿
por sus mejillas y cómo su respira
ebería r
abrieron d
b
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