img La Luna que traicionaste ya no te pertenece  /  Capítulo 3 Tres | 1.44%
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Historia

Capítulo 3 Tres

Palabras:1718    |    Actualizado en: Hoy, a las 00:14

vista d

ó sin mi

ndo de reojo cómo se alejaba. No e

a opresión no era

irrit

ás com

mente lo que e

ba en mi mente con una agitación que rara vez había sentido en él,

lo impedí. Sabía que todavía profesaba aquella absurda l

s agr

mi autoridad del

ntado en ese t

as

izó. Nunca lo hacía cuando creía que yo había cometido un erro

ue Virella y el niño estaban ilesos. La abuela Maelis volvió a acomodarse e

a estancia y se

con ella -dij

carácter tan apacible como mi madre,

empo para tr

Y, antes de que descartes sus palabras... -Se detuvo para escoger con cuidado las siguientes-. Deberías r

el salón, Elvira dej

espués de tres años dirigiendo una casa, ahora imagina que ti

as con estudia

ose. No irá a ninguna parte. ¿Qué Alfa aceptaría a una

arle la

lternativa mejor. Su madre me lo

la palabra «divorcio» regresaba una y otra vez a mi m

ae

i lado, todavía debilitada

Te lo dije desde el principio: jamás permi

ví hac

risteza suavizando sus faccion

ue habrían quebrado a la mayoría. Había tomado decisiones bajo presión que salvaron muchas vidas, incluida

mano y cu

ijo. No irás a

de mi tensión. Virella no lloraba con facilidad. El

y al niño era mi

a mano para r

seguridad que no sentía del todo-. Haré que

rincipal de los aposentos de Rowe

bía recorr

de nues

relazados. Cuando prometí a su madre que cuidaría de ella, hab

as, nunca había sido

esposa que me aguardaba en casa. Quería

brí la verdad

o predestinado la abandonó cuando su familia cayó. Ella s

asado todo aqu

or el hombre que la había rechazado. Incluso hacía planes

ue hubiera sentido

torioso y ella todavía conservaba el suficiente sentido común para p

o de Luna, n

vería a ab

, ¿verdad? La voz de S

resp

No era un vínculo entre compañeros, nada tan nítido ni definitivo, sino

í en nuestra

istancia no habían conseg

na mano p

oí la voz

en derecho de familia. Alguien ajeno a

ía alimentado durante

uerta de

a prisa, ¿ve

itación. Sus doncellas se estremecieron bajo

palda rígida. El único indicio de debilidad eran sus de

o, no era más

i presencia. Velvet se

aunque sus palabras fueron audac

a carcaj

mi esposa dentro de mi propia manada? -No aparté la vista de Row

ero no reprendió a la muchac

e por aquí,

mi regreso. Y sus exigencias de divorcio no eran más que una excusa. Pretend

ció y, cuanto más la considerab

la

iero hablar a so

bas mantuvieron los ojos clavados en

retorció en

stado para que olvidaran quién

udiera actuar,

ennos solos. Puedo

justo al otro lado de la puerta. Como si yo

venido a deci

la mesa y se sirv

amilia. Salvó mi vida y la de mis soldados. Esta m

de té. Me preparé para

rió. Una sonri

ho que m

pad

... de

la cabeza-. Lleva a tu hijo. ¿De verd

i tensión

ue hayas ent

spero recibir la misma cortesía. Concéde

deberem

pacio, como si necesitara pa

l cuello con una mano. No apreté lo suficiente

do no tenías nada. ¿

prometist

zos junto al cuerpo, aunque

te a su lado y finja estar encantada

or qu

as lo suficiente para sentir los

dicto las leyes

r y retrocedió un paso, llevándose una mano a la ga

y descarnada-. ¿Pretendes convertirme en el hazmerre

ultad y se obligó a

gún cualquier criterio que importe, no somos marido y muje

cons

on en mí como una chi

la cintura con un brazo y la atraje contra mí. Ella jadeó y

a-. ¿De eso se trata en realidad? ¿

por sus mejillas y cómo su respira

ebería r

abrieron d

b

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