vista d
strellaron contra los míos, un s
erdido
me habría dejado sin aliento. Me habría ruborizado y hab
cedido aquella noche,
ión de divorcio no era más que una representación? ¿Que estab
de a quién s
e mi madre me convenci
con violencia, sujetándome contra su cuerpo
ra mi boca con una v
aber resultado convincente si no me hubiera inmovilizado las muñecas con un
só la tela fina de la prenda y sentí con absolu
o de mi cu
, sino de r
irme los labios co
fu
n gruñido. La sangre br
ita p
fuerzas. Se tambaleó y chocó contra el estante situado
se abrió
i L
en la habitación con el r
y una expresión tan amenazadora como un cielo a punto de
s solos
l poder del Alfa, concebido para
éde
, todavía jadeante, y sostuve su mirada f
manos en puños
da. Se plantó entre los dos. Su pequeño cuer
uplicó sin apartars
como el papel. Pero, cuando nuestros ojos se encontraron
yeran desde el pasillo-, si continúa, no tendré má
a quedó e
n se
nos todavía cerradas a ambos lados del cuerpo. El silen
abrió lo
con voz baja y contenida-. Poner fin a est
da. Al pasar junto a Velvet, le lanzó una mir
cerró de go
edió, aunque mantuvo las manos en alto, como si estuviera dispuesta a protegerme de nuevo.
una
cía f
restos del jarrón. Las flores yacían desparrama
e había logr
una certeza aterradora
a pronto, volver
ía per
mi lado con los
e y tus hermanos vivían, nadie se habría atrevido a tra
acepté el chal que Grace me ofrecía.
do, pero nunca había ten
rdo en el cajón cerrado de
jé caer sobre él. Observé cómo la otra doncella abría el cajón con l
entregó la noch
advertido-. Prométemelo, Rowena. Prométeme que
lla. Solo deseaba que yo llevara una vida tranquila. Que estuviera a salvo. Que
osta de mi propia d
otra
e me negaba a
l corazón. Aunque tuviera que
no y marqué un número que lle
n antes del
prendida y más que un poco exasperada-. Por to
raje fuerzas de aque
necesito
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