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Historia

Capítulo 4 El Camino hacia Blackridge

Palabras:1205    |    Actualizado en: 12/09/2026

pasado la noche en el granero, incapaz de conciliar el sueño, repasando una y otra vez lo que d

familia, uno de los pocos que quedaban desde que la

lla, no como pregunta

uien más, Damek podría interp

eta a ti solo com

ontar. -Entonces al menos solo habré arriesgado mi

o a sacrificarse solo, sin consultar a nadie, como si su vida valiera menos que las de los demás. Era exac

o -dijo ell

ande

te diez años liderando de facto una manada sin líder oficial-. Si vas a negociar con Damek, nec

que perder. Ti

ciación salga bien. -Se acercó, tomando las riendas del seg

o más profundo del que ninguno de los dos se atrevió a reconocer en voz

de ambas manadas, el silencio entre ellos roto solo por el sonido de los ca

eguntó Armande fi

frente-. Lo conocí hace quince años, en una reunión de manadas del norte. Inc

ere anexar nues

Creo que quiere convertirse en el alfa supremo de toda la región, y

e ver con el frío de la mañana. -Entonces esto no

de que habían salido-. Esto podría ser s

po de lobos, ya transformados a pesar de que la luna llena aún estaba lejos -una

os de un gris casi metálico, se adelantó, todavía en su forma humana, aunque el resto de su g

seguido de cerca por Arm

alcanzaba sus ojos-. Aunque me sorprende que sea precisamente el alfa de

adine se tensaba a su lado, aunq

calma-. Vine a asegurarme de que mi familia y mi antigua manada

n embargo, aquí estás, interponié

voz firme a pesar de la tensión que sentía-. No hay ninguna disputa legítima que resol

la famosa Armande. La loba que mantuvo unida a una manad

mek. Necesito que retires tus

n hombre, pero todos sabemos que no tiene lo necesario para liderar una guerra. Y tú, Fadine, ¿d

voz alta. Fadine sabía que Damek tenía razón, al menos en parte. Su autoridad como alfa se había desvanec

dispuestos a defender lo que es suyo. Y te aseguro, Damek, que una manada

lmente, se encogió de hombros. -Tienes hasta la próxima luna llena para demostrarlo. Des

n la luna llena -respon

mente sobre ambos. Armande observó a Fadine de reojo, notando la tensión en sus homb

mente, rompiendo el silencio-. La manada

Armande-. No como el alfa que fuiste, sino como el hombre que ere

implicidad y la sabiduría de sus pal

el título de hacerlo -respondió ella con una sonrisa

z, cabalgando de vuelta hacia casa bajo el sol de la tarde, ambos sintieron que quizás, solo quizás, había una manera d

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