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era la noche en que los jóvenes que habían cumplido la mayoría de edad descubrían a su mate, la pareja destinada por la Diosa de la Luna. Valeria, que tr
una relación cercana. Damian solía buscarla después de sus entrenamientos de combate para hablar con ella, comer algo juntos o simplemente caminar por los a
l patio central y los guerreros colocaban las antorchas para iluminar todo el perímetro. Valeria se encargó de limpiar los manteles, organizar la vajilla y verificar
o que ella misma había arreglado días atrás. No tenía joyas ni adornos ostentosos, pero se peinó el cabello largo y oscuro con cuidado. Dentro de ella, su
es, fogatas encendidas y decenas de personas conversando en grupos. Valeria bajó y se colocó a un lado del salón, ce
levaba una chaqueta de cuero negra y el pelo peinado hacia atrás. Toda la gente en el patio dejó de hablar por un momento para apl
de segundos y le hizo un breve gesto con la cabeza antes de seguir su camino hacia el centro del patio. Para Valeria, esa pequ
jeros más influyentes de la manada. Sienna vestía un traje elegante con detalles en dorado, mucho más vistoso que el de las demás, y caminaba con total seguridad entre los invita
anada, pero no le dio mayor importancia en ese momento. Lo único que le interesaba era que la luna lle
o a todos los presentes. La gente formó un gran círculo alrededor de la fogata principal. Las parejas que buscaban la bendición de la luna debían dar
constante de los asistentes. Damian caminó hacia el centro de la pista, quedando justo al lado de su padre. El Alfa miró a la multitud y comenzó a recitar las pal
ma firme, mirando hacia el frente sin mostrar mayor expresión en el rostro. Cuando el Alfa terminó
ra sangre reclamen su destino bajo la L
para nombrar o reconocer a su pareja. Valeria dio un pequeño paso al frente de

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