img Rechazada por el Alfa Reclamada por su heredero  /  Capítulo 4 La Sentencia de Exilio | 5.41%
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Historia

Capítulo 4 La Sentencia de Exilio

Palabras:1232    |    Actualizado en: 28/09/2026

e la tarde, el sonido del cuerno de combate retumbó desde la torre central, convocando a todos los miemb

al patio, vio a decenas de personas caminando en la misma dirección: guerreros, familias completas y trabajadores de las distintas áreas

gnia de la casa de su padre. Pocos segundos después, Damian subió los escalones de piedra y se colocó en el centro del estrado, al lado

anteniéndose al margen de los demás asistentes. A su lado, varios miembros de la man

no derecha para pedir silencio. La gente dejó de habl

ritorio depende de la fuerza de nuestras alianzas y de la disciplina dentro de nuestras fronteras. Tras los eventos de la noche de ayer y l

a Damian. Este caminó hacia el borde del estrado

con tono seco y directo-. Sin embargo, para que el liderazgo de la manada no tenga divisiones ni dudas, debem

ultitud, los consejeros asentían con la cabeza. Sienna

lta, nombrándola directamente

ara dejarle el paso libre hacia la zona central. Valeria no dudó ni mostró vacilación; caminó a paso const

-, tu presencia en el territorio central ya no es conveniente. Tu falta de linaje y la debilidad manifiesta de tu loba no aportan al crecimiento de nu

filas traseras de la multitud, p

e Plata -agregó Damian sin alterar el tono de su voz-. Tienes dos horas para recoger tus pertenencias personales y abandonar lo

ose junto a Damian. Miró a Valeria desde arriba con tra

eden aportar al bienestar común -comentó Sienna brevem

os guardias que ya se posicionaban a los lados del estrado para supervisar el cumplimiento de la orden. En su interior, la presenci

la orden, Valeria? -pregun

clara y neutral, lo suficientemente alta par

r concluida la interacción y girándose hacia los consejeros p

spersarse en distintas direcciones; algunos regresaron a sus puestos de trabajo y otros se quedaron

dera y tomó un saco de lona gastado que guardaba en la parte inferior del armario. Sacó de la cómoda dos mudas de rop

dera que contenía algunas hierbas secas para infusiones; lo tomó y lo guardó en uno de los bolsillos laterales de la

tegerse del viento fresco de la tarde y se ajustó la correa de la lona sobre el hombro derec

salida de servicio se encontraban dos guardias jóvenes de la patrulla de Damian,

al -dijo uno de los guardias sin rodeos-. Los puestos de co

do -dijo

casona y se adentraba en el bosque. A sus espaldas, la actividad en la casona principal continuaba con

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