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helada. El vestido negro que llevaba le quedaba impecable, pero la verdad era que la alta sociedad no era su terreno. Ella era una mujer de números, de contratos, de horas de trabajo frente a la
a financiamiento esa misma noche, o su proy
lón. La música de piano sonaba suave de fondo, ahogada por el murmullo de cientos de
No había ido a socializar; tenía tres objetivos claros en mente, inversores importan
de que alguien la estaba observando fijamente. Elena miró de reojo, disimulando, pensando que tal v
or un grupo de hombres mayores que no paraban de hablar
imperio de seguridad privada y logística militar más grande y agresivo del continente. Un tipo que manejaba contratos multimill
barba perfectamente cuidada y unos ojos oscuros que en ese momento estaban clavados directo en Elena. No la miraba como los demás hombres en la fiesta; no
o desviar la mirada y caminar hacia el otro lado del salón, pero para su desgracia, Al
tinto, dejándole el camino libre. Elena se apretó la copa en la mano, obligándose a mantener la postura. Se pr
r al llegar frente a ella. Su voz era grave, ásp
e se pierde el tiempo en fiestas -respondió E
a mayoría de la gente en esa sala se ponía nerviosa o buscaba compl
dudo que hayas venido solo a tomar
financiar mi empresa. Aunque viendo el a
que Elena pudo percibir su aroma: una mezcla intensa de perfume costoso, madera y algo salvaje que no supo identific
na advertencia-. Pero en este mundo, el carácter no paga las d
a buscar socios -replicó Elena, dando un p
do, y apretó los puños a los costados. Había una posesividad absurda en su forma de estar parado frente a ella, una
ue me interesan -dijo Alexander con voz baja y dominante-.
tando de mantener la voz firme a pesar
te aseguro que esta noche no vas a
nto y la arrogancia de ese tipo. Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar una s
n las damas. Vas a asustar a la señorita an
ia completamente distinta, pero igual de peligrosa. Alexander se tensó al instante, dando
a sintió que acababa de meterse en

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