img Bajo la sombra de las Bestias  /  Capítulo 2 Entre guantes de seda | 20.00%
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Historia

Capítulo 2 Entre guantes de seda

Palabras:1041    |    Actualizado en: 13/10/2026

combate, cruzándose de brazos y dando un paso de costado que cubrió casi por completo a Elena. Pero el hom

ro de Elena. Tenía la piel pálida, los rasgos afilados y un peinado perfecto que no tenía ni un solo cabello fuera de lugar. A difere

pletamente por alto a Alexander para fijar s

ciudad; era el heredero de una de las familias aristócratas más antiguas y influyentes del país. Un diplomát

La piel de Julian estaba extrañamente fría al contacto, tanto que a Elena le dio un ligero escalofrío,

le llegaba a los ojos-. Y los proyectos ambiciosos como el suyo llaman la atención

con una voz que sonó casi como un gruñi

ompostura ni subir el tono de voz-. Parecía que estabas acorralando a la señorita Ross con tu tosqu

jado un par de grados. Alexander apretó la mandíbula con tanta fuerza que los músculos de su cuello se marc

orero en medio de una discusión de egos, dio un

d tecnológica, les agradezco la copa de vino y me retiro -dijo con voz fir

dadera calidez. Sus ojos, de un azul tan claro que parecía casi tran

e los dedos antes de guardarlo de nuevo-. De hecho, Elena, he estado leyendo los borradores de su propuesta de encripta

runció

los envié esta mañana a dos agencias pr

a cabeza-. Y cuando algo despierta mi curiosidad, me gusta estar bien informado. Supo solucionar un fallo en e

Elena antes de ir a hablarle. Elena sintió una incomodidad distinta a la que le provocaba Alexander. Alexander era ruid

imidada por el hecho de que este tipo hubiera interceptado sus documentos-. Pero

itud pausada-. Me interesa asegurarme de que este proyecto se desarrolle en el entorno correcto. Bajo la prot

un segundo. Alexander dio un paso amenazante hacia Julian, pero Elena se interpuso en el cami

ero si van a competir, que sea con propuestas formales sobre mi mesa de tra

as un poco pesadas y la cabeza hirviendo. No llevaba ni una hora en la gala y ya se sentía acorral

o en la cara. Se apoyó contra el barandal de piedra, mirando las

e -murmuró p

o peor -dijo una v

bra de las plantas de la terraza, con una copa en la mano y l

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