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Historia

Capítulo 2 Una novia sin nombre

Palabras:1121    |    Actualizado en: 13/10/2026

las manos segu

nté sostener la bolsa de galletas de Marta para darle

tos y juntos que la tarde parecía atardecer. Detrás del velo, e

a nada. Si me preguntaban por mi infancia, diría la verdad. Era lo ú

se pensamien

piedras grises, altas, cubiertas de lobos tallados. La frontera del Anochecer. Los guardias de mi padre

todo? -

on al galope, como niños

sobre el camino.

o bordadas en plata sobre los hombros. Nadie hablaba. Los caballos pateaban y echaban va

antes de que

veía su perfil: la mandíbula tensa, el pelo oscuro peinado hacia atrás, como si se hubiera pasado la ma

lana. La voz de un hombre que ha dicho la mism

inclinó

a Frost,

enla al castil

árboles sin mirarme. El hombre con quien iba a casar

junto a mi ventana, el guante apretó las r

ño. Casi nadie l

. Esa no era la mano de un hombre indiferente. Era

n hilo fino detrás del esternón, com

Llevaba dos d

l cristal, boca abajo, porque su dueño se había colgado de la silla para mira

o debo hablarle, ni usted a mí. La regla dice que nadie hab

ces por q

io una palmada en el cuello-. Este es Pudding. Pud

sa. Me sorprendió tanto que m

ás había aprendido a mentir. Sacó un odre de la alforja y lo

ee que quiz

ero en las manos. Me bebí media bota de un trago, detrá

ias -

ice que no

o tratarme como

el caballo -le di

o había bebido nada. Theo también lo vio. Sus ojos fueron hacia allí, y esperé la pregun

jando que las ruedas hablaran por él. Fue lo más amable que a

ómetro, volvió a

ovia. Dalton dice que es alta y mala. Berrick, que se ríe como un ganso. Yo

or

elada desde la frontera hasta los votos, y toda la manada adivina. -Se encogió

u

es él?

estar. Hasta Puddi

ros por la nieve sin decírselo a nadie. Casi siempre solo está cansado. Cinco años de cansancio. No duerme.

asado hacía cinco años. Alg

llevaba en el pecho desde

a novia no es q

on diez segundos

Simplemente dejó de estar, como

o. Pero cuando el castillo emergió entre las montañas, enorme, gris, dentado como una hilera de

gracias dos veces a un guardia. No sé qu

trajo el

lo -susurró Theo-, no se quite ese v

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