despu
ía que eso
n juego tan tonto como tener una aventura antes de hacer oficial su compromiso. Pero su promet
magen en una situación que hablaba por sí sola, entendió que aquello no era una broma. Era s
e como una muñeca a la que todos manipulaban. Ese sitio era justamente para tomar decision
tan íntima que dolía. Todo era elegante, desde los pasillos alfombrados hasta las máscaras negras que todos usaban. Aquí, nadie te
a. No bebió, solo cambió su ropa por la... requerida y se cubrió con lo que le ofreció la chica que la a
lo había visto
a la parte superior del rostro y respiró pro
taba loca? ¿Qu
enteraban estaría muerta para ellos antes de
. Pero una mano la sujetó y la alzó para evitar la caída. El perfume masculino le golpeó la nar
rgo de un color oscuro. La máscara hacía juego con su ve
antasm
on ante la altura de ese tipo, la cua
ablaba directo al cuerpo. Sentía que la había escuchado antes, pero una voz tan profun
un con la máscara, sentía que él podía ver a
rteza. Logró estabilizarse para dejar de estar en lo
aún. Es tu primera
a amplia, ni maliciosa. Fue apenas un gesto con los la
ue me quede?
e el corsé se le rompería en el pecho. No era miedo. No era deseo. Era un vért
ás sabiendo demasiado bien p
s se quitaba el abrigo con lentitud y afloja
lato de comida -murmuró, sintien
una sonrisa, ni un gesto de a
enfadado. Tal vez era mejor quitarse esa más
ando veo mis platos de comida -dijo él ent
é piens
vo una r
nimo, y cuando la habitación se cubrió
or que l
ras la otra desabrochaba su camisa. Salomé sintió que to
aba atención y sabía que era una estupidez, pero era l
o est
con un tirón preciso. Los ganchos saltaron. El aire frío le
n violencia, pero con una determinación que no
las pierna
o de sus tobillos. Tener su entrepierna así de descubierta le subió el calor a las mejillas, tenía que ponerle un alto, o pe
ca, antes de besarla con una furia que le robó el a
una invasión ruda, y
lvi
las manos a su abdomen para atarlas con sus bra
ces se
ostuvo por las caderas, la sujetó fuerte, y la de
de soltar sus manos para usarlas en el cabell
udor la cubrió y su voz no la encontró mientras se movía buscando más contacto del
ero lo estaba disfrutand
poso de segur
en eso cuando él se incorporó,
pantalón y él, al sacarlo pa
apenas podía respirar. Se dio la vuelta, visiblem
acercó a e
grave, deteniéndose a centímetros de su boc
e logró fue soltar un suspiro entrecortado cuando él la
Pue
labras cuando tiró de su b
vio, como si fuera otra. El corsé entreabierto, el cabello algo revuelt
ntras la despojaba del corsé por com
uiente beso, aún cuando sus m
palabra recogió sus cosas y se marchó. Ella solo sent
caminó rápido para tomar la llave de la puerta
o y sabía a qu
gó su nariz en él y el aroma que despren
a esquina bordadas con hilo gr
que llegó de paseo a la ciudad. Tal vez era de
mo una forma de recordarse que, por una vez en su vida,
mo seguramente debió haberlo. Ahora prefería quedarse

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