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Historia

Capítulo 3 Una tormenta.

Palabras:1759    |    Actualizado en: 21/10/2026

a sido ensayado, cada palabra del discurso pulida hasta sonar natural. Pero nada en

er cómo moverse entre ellos y no sólo seguirles el paso, sino su

que se presentaba oficialmente

l salón. No caminaba, deslizaba presencia e imponía su conocimiento sobre todo tema que creyeran que era ajeno a su estu

evo movimiento MIRAGE, reconociendo a un hombre que había vuelto de entre las so

ban del debate. Recorrió el lugar con la mirada, levantan

El silencio expectante d

o a recordarnos que aún somos capaces de reparar lo que hemos permitido

o de los otros dos, porque los arcoiris n

s palabras. Pero Johan no miraba sólo al público, ni a

; Richard Lang- el ex militar elevó la mano-, Julian Sullivan- el hombre de imagen impecable mostró su mejor sonrisa-, y Johan Crown- este solo movió l

n sonreía con esa seguridad nata que a veces rayaba en arrogancia. Richard, siempre mesurado, mantenía la compostura con sus lentes en el borde de

a la distancia. Minutos eternos hasta que pudieron llegar a un salón más tranquilo, en el que Johan dejó de sentir el

ía en su mano, aún sin probarla, ya que el medicame

o una vez más. Él la tomó y devolvió el elogio-. A pesar de lo que pensé

ntestó sin extenderse

ilia no t

sí, los había visto antes de subir a la tarima,

erlos truncados por tí mismo-, el tipo siempre era directo y con un candidato tan joven y preparado, podría serlo más-. N

puesto hacer lo que hicieron con su padre cuándo éste fue gobernador; buscar una esposa para é

tiendo un cargo con una mujer de la que conociera poco

rcar todo a la vez, porque sentía el tiempo limitado y buscaba vivir

que convencía a sus seguidores de no dudar de sus propuestas-. No me digas que esto no es emocionante,

ó la mano en el saludo-. Busco ga

irió no añ

-, los tres observaron las pancartas con sus rostros. -Espero que dejemos la rivali

uesto-, a

Nada ni nadie en mi vida tiene tanta i

n se dio cuenta de que Sullivan veía a la esposa de Lang, una mujer de cincuenta y tantos, que para su edad era mu

nas cámaras enfocaron y algunos de los presentes no dudaro

dos asistentes. Las caderas amplias marcaban un ritmo lento y magnético que acallaba conversaciones. Su vestido burdeos ciñendo sus curvas con una elegancia peligrosa, ajustado en los

lo enfocaban envidiablemente a su prometido. El cabello suelto, con ondas suaves caía sobre sus hombros,

. No miraba, estudiaba. Deci

vidaran de por qué estaban ahí, y que las mujeres la

in importar recomendaciones médica

sonrisa orgullosa, casi como si aca

rostro se tensó apenas la reconoció

a e

causar esas sen

e, clavando sus ojos en Salom

s-. Richard, tú la conoces, pero Johan no, así que aprovecho para presentarla-,

ianza de cualquiera. Extendió una media sonrisa, primero a Lang, luego a Julian... y por último

ía. Sus ojos, sin embargo, no eran corteses. Brill

en ese gesto que siempre lo devolvía a

pero firme-. Supongo que su prometido

metálica, cargada de arroganc

perceptible- ...codeándose con candidatos a la presidencia. -sus palabras se deslizaron con una elegancia peligro

tida, sabiendo que muchos no le quitaban los ojos d

onocerla por más buen papel que se hiciera. Sobre to

lianza convenien

, el mejor que he presenciado hasta el momento-, no enfocaba

ocupó ese lugar, las chispas volaron como si una granada hubiese estallado de la nada, aunque ninguno hizo

ó de inmediato,

hora quiero a mi pro

e un momento a otro su mirada chocó con la de Johan una vez más, haciéndole sa

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