a sido ensayado, cada palabra del discurso pulida hasta sonar natural. Pero nada en
er cómo moverse entre ellos y no sólo seguirles el paso, sino su
que se presentaba oficialmente
l salón. No caminaba, deslizaba presencia e imponía su conocimiento sobre todo tema que creyeran que era ajeno a su estu
evo movimiento MIRAGE, reconociendo a un hombre que había vuelto de entre las so
ban del debate. Recorrió el lugar con la mirada, levantan
El silencio expectante d
o a recordarnos que aún somos capaces de reparar lo que hemos permitido
o de los otros dos, porque los arcoiris n
s palabras. Pero Johan no miraba sólo al público, ni a
; Richard Lang- el ex militar elevó la mano-, Julian Sullivan- el hombre de imagen impecable mostró su mejor sonrisa-, y Johan Crown- este solo movió l
n sonreía con esa seguridad nata que a veces rayaba en arrogancia. Richard, siempre mesurado, mantenía la compostura con sus lentes en el borde de
a la distancia. Minutos eternos hasta que pudieron llegar a un salón más tranquilo, en el que Johan dejó de sentir el
ía en su mano, aún sin probarla, ya que el medicame
o una vez más. Él la tomó y devolvió el elogio-. A pesar de lo que pensé
ntestó sin extenderse
ilia no t
sí, los había visto antes de subir a la tarima,
erlos truncados por tí mismo-, el tipo siempre era directo y con un candidato tan joven y preparado, podría serlo más-. N
puesto hacer lo que hicieron con su padre cuándo éste fue gobernador; buscar una esposa para é
tiendo un cargo con una mujer de la que conociera poco
rcar todo a la vez, porque sentía el tiempo limitado y buscaba vivir
que convencía a sus seguidores de no dudar de sus propuestas-. No me digas que esto no es emocionante,
ó la mano en el saludo-. Busco ga
irió no añ
-, los tres observaron las pancartas con sus rostros. -Espero que dejemos la rivali
uesto-, a
Nada ni nadie en mi vida tiene tanta i
n se dio cuenta de que Sullivan veía a la esposa de Lang, una mujer de cincuenta y tantos, que para su edad era mu
nas cámaras enfocaron y algunos de los presentes no dudaro
dos asistentes. Las caderas amplias marcaban un ritmo lento y magnético que acallaba conversaciones. Su vestido burdeos ciñendo sus curvas con una elegancia peligrosa, ajustado en los
lo enfocaban envidiablemente a su prometido. El cabello suelto, con ondas suaves caía sobre sus hombros,
. No miraba, estudiaba. Deci
vidaran de por qué estaban ahí, y que las mujeres la
in importar recomendaciones médica
sonrisa orgullosa, casi como si aca
rostro se tensó apenas la reconoció
a e
causar esas sen
e, clavando sus ojos en Salom
s-. Richard, tú la conoces, pero Johan no, así que aprovecho para presentarla-,
ianza de cualquiera. Extendió una media sonrisa, primero a Lang, luego a Julian... y por último
ía. Sus ojos, sin embargo, no eran corteses. Brill
en ese gesto que siempre lo devolvía a
pero firme-. Supongo que su prometido
metálica, cargada de arroganc
perceptible- ...codeándose con candidatos a la presidencia. -sus palabras se deslizaron con una elegancia peligro
tida, sabiendo que muchos no le quitaban los ojos d
onocerla por más buen papel que se hiciera. Sobre to
lianza convenien
, el mejor que he presenciado hasta el momento-, no enfocaba
ocupó ese lugar, las chispas volaron como si una granada hubiese estallado de la nada, aunque ninguno hizo
ó de inmediato,
hora quiero a mi pro
e un momento a otro su mirada chocó con la de Johan una vez más, haciéndole sa

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