ca llegó
l patio de Ironmoor lleno de lobos peleando. Los guerreros de Colmillo Rojo contra los de Rooke, sombras que saltaban entre antor
de lobo, enorme y negro, desgarrando a tres
su voz de lobo me
ntre las costillas, no profundo, solo lo suficien
esperaba con una camioneta blindada. En el asiento trasero, atada
e. "No, p
, dijo
quedo con vosot
rió con tristeza. "Tu madre hizo bi
rrojó a mis brazos aunque tenía las manos atadas, y yo le saqué la mordaza con los dientes,
tenía
da. Lo sé. Ya
oneta a
jaron a rastras en un claro rodeado de pinos negros. Y ahí, en e
ntiguas, llena de un agua negra como el petróleo que burbujeaba despacio. En el aire flotab
rmando un círcu
n túnicas grises y capuchas, de pie e inmóviles, con las manos
, dijo Lucan con solemnidad. "Después d
edó pegada a mi costado, temblando. Calista nos observaba co
terminar com
dará una gota de sangre. Solo una gota. El Pozo se limpiará,
una
a ele
sacudió
s como un huracán. Torin. Había llegado. Tenía el pelaje ensangrentado, un tajo abierto en el
o. Lo derribaron. Lo mordieron.
!",
se agachó junto a Torin, que jadeaba en el suelo, c
ijo. "Tu padre e
ole, hasta quedar tirado en la hierba como un h
voz rota. "Cierra
n", m
a sangre. "Te amo. Lo siento s
redujo a e
Y ahí estaba el hombre que me había roto el corazón, tirado en la hierb
se rompió. No de d
i loba. Siempr
sin llorar, porque ya no ha
erró lo
y se soltó d
, pequeña y decidida, con su pijama de patitos y sus ojos dorados bri
y!",
vez, no parecía una niña de cinco años. Parecía algo mucho má
lo ha
ano en el

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