Salí del consultorio médico y caminé hacia las escaleras con la compañía de mi guardaespaldas. Casi caigo por escaleras por leer los resultados de mis análisis médicos. Inmediatamente pensé en mi bebé.
Mi guardaespaldas me llevó a casa. Me moría de ganas de llegar y esperar a mi esposo para darle la feliz noticia. ¡Al fin nos convertiríamos en padres! Desde que me casé con él, ese ha sido mi sueño. Estaba segura de que él estaría muy feliz.
Me casé con Dean Clark hace un año, cuando yo cumplí mis 19 años. Nuestro amor fue a primera vista. Dean es el Alfa de una de las manadas más peligrosas de Seattle, un multimillonario, jefe de una de las empresas más importantes del país. No muchas manadas tenían las agallas de meterse con la manada de Dean. Sin embargo, había algunas mandas que sí.
Desde que Dean y yo nos conocimos supimos que estábamos destinados, así que nos casamos y, desde entonces, hemos intentado tener un hijo, pero los doctores nunca tuvieron una buena opinión al respecto. Ellos decían que quedarme embarazada sería complicado. Pero Dean y yo lo logramos. Tuve la suerte de encontrar a mi compañero destinado. Muchos hombres lobo pasan toda su vida buscando y jamás lo encuentran.
Pensé en preparar una deliciosa cena para darle la noticia a Dean. Me imaginé su rostro de felicidad. Él siempre quiso un hijo. Dean deseaba entrenar a su hijo para que, en el futuro, se convirtiera en el heredero de la manada.
Llamé a Dean cuando llegué a la mansión.
-¡Amor! ¡Hola! Lamento molestarte, sé que estás ocupado con la empresa, pero quería preguntarte si puedes llegar a casa pronto. Quiero decirte algo importante. -Quise gritar de la emoción.
-Sí, yo también quiero hablar contigo. Llegaré a las ocho.
Salté de felicidad y corrí a preparar la cena. Todo tenía que estar perfecto para la sorpresa.
No faltaba mucho para que Dean regresara a casa. Los nervios me carcomían.
Terminé de preparar la cena y ordené la mesa. Dean me llamó poco tiempo después y dijo que estaba en camino. Su voz expresaba seriedad, por lo que supuse que algo había pasado. Dean se encargaba de la empresa y tenía que encargarse de dar órdenes a la manada para proteger las tierras que nos correspondían. Varias manadas intentaron apoderarse de nuestras tierras y nos amenazaron con atacar.
Acaricié mi vientre mientras sonreía. Estaba feliz. Iba a ser madre.
Oí pasos en la sala. Dean había llegado a casa. Me paré a un lado de la mesa, esperando a que él llegara al comedor. No oculté mi sonrisa.
Dean apareció y yo corrí hacia sus brazos. ¡Amaba tanto a ese hombre!
Él me rodeó con sus brazos, pero noté su falta de entusiasmo.
-¡Buenas noches! ¿Qué tal te ha ido en la empresa hoy?
-No estuve en la empresa hoy. Tuve algo más importante que hacer. Estuve fuera.
Supongo que Dean tuvo una reunión en otra compañía. Dean dejó su portafolio sobre la mesa.
-Te he preparado la cena. Tengo algo importante para decirte y sé que estarás muy contento cuando te lo cuente. -Me sentía emocionada.
Dean tenía una mirada profunda y misteriosa.
-No tengo hambre, Lena. Tenemos que hablar -insistió.
Eso me decepcionó.
Dean y yo nos sentamos a hablar. Su mirada era fría y distante.
-¿Sucede algo malo?
-Hay algo dentro del portafolio. Quiero que leas el documento que he traído.
Abrí su portafolio con miedo.
Me congelé cuando leí la primera hoja.
ACUERDO MUTUO DE DIVORCIO.
La angustia se apoderó rápidamente de mi cuerpo. Miré a Dean. Tuve la esperanza de que se tratara de una broma, pero él seguía mirándome con frialdad. ¿Cómo podía ser esto posible? ¡¿Qué pasaría con nuestro bebé?! Íbamos a tener un hijo y él quería divorciarse de mí.
No comprendí lo que estaba sucediendo. ¿Por qué? ¿Qué fue lo que hice mal? Durante más de un año he sido una compañera fiel y he apoyado a Dean.
Terminé de leer el contrato. Mi corazón estaba destrozado.
-P-pero... ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué? -Las primeras lágrimas cayeron.
-Me enamoré de alguien más -confesó. La herida de mi corazón se abrió.
-Esto no puede ser posible. Tú me amas.
-Me casé contigo por nuestro vínculo. Mi padre me obligó a hacerlo. Me enamoré de ti, Lena, pero ya no te quiero. Nuestro matrimonio fue un error.
-¡¿Quién es esa mujer?! ¿De quién te enamoraste?
-Me enamoré de Carla, una de las secretarias de la empresa.
-¿Carla? ¿Hablas de la mujer que está en la manada? ¿Mi mejor amiga? ¿Te enamoraste de ella?
Me traicionaron. ¡Mi esposo y mi mejor amiga me traicionaron!
-Sí -respondió.
-¡Pero yo soy tu compañera!
-Eso no importa. Estoy enamorado y quiero casarme con ella. Necesito divorciarme de ti para poder hacerlo. Jamás debí haberme casado contigo. Nunca quise hacerlo. Fingí que sí. No me interesa que la madre Luna nos haya asignado como compañeros.
Sus palabras fueron una puñalada.
Lloré.
-Dean... -toqué mi vientre.
-Firma los papeles -exigió-. Esto tiene que terminar ahora.
-Tu padre se enojará mucho contigo.
-No me interesa lo que diga mi padre. Prefiero estar casado con alguien a quien yo ame.
Ella no amaba a Dean. Conocí a Carla íntimamente. A ella solo le importaba convertirse en Luna. Dean cayó en las redes de esa mujer.
-¡Ella no te ama, Dean! ¡Carla te está mintiendo!
-¡Cierra la boca! No permitiré que hables así de Carla. Ella es una gran persona. Tú estás conmigo porque te interesa el poder y las riquezas. Tú no me amas a mí. ¡Ella me lo ha confesado todo!
-Estás muy equivocado si eso piensas! ¡Ella te está mintiendo, Dean! Carla solo quiere ser Luna, pero jamás lo será, porque yo soy tu Luna.
-Ya no más. ¡Quiero el divorcio! Me casaré con ella, tendremos hijos y tú quedarás en el pasado y fuera de la manada. ¡Te rechazo!
Sentí que me desmayaba.
¡Él quería tener hijos con ella!
-Tú siempre supiste que ella me amaba, pero no te importó que ambas fueran amigas y te casaste conmigo. Eres tú quien quiere ser Luna. No te importa nada más. Traicionaste a tu mejor amiga.
-¡Eso no es cierto! ¡Déjame explicarte!
-Sé que le dijiste a Carla que se fuera de la manda porque siempre supiste lo que ella siente por mí. Le pediste que se fuera porque temías que yo me enamorara de Carla. Tu mayor miedo se ha convertido en realidad.
-¡No! ¡Eso no es así!
Lo admito: le pedí a Carla que dejara la manada hace unos días. Pero no fue por su supuesto amor por Dean. Fue porque Carla ha hablado muy mal de mi esposo y nuestra relación.
¿Cómo es posible que Dean dejara de amarme?
Vi rencor y desprecio en los ojos de Dean. No reconocí a mi esposo. Él no era el hombre del que me enamoré.
¿Por qué me hizo esto? ¿Por qué a mí? ¡Le he dado todo! Me entregué a él. ¿Para qué? No sirvió de nada.
-¿Cuándo dejaste de amarme, Dean? -pregunté. Sé que la pregunta era dura, pero yo necesitaba una respuesta.
-Jamás te amé, Lena. Me enamoré de ti, pero me di cuenta de que nunca te amé.
Eso me rompió.
-Si nunca me has amado, entonces, ¿por qué me propusiste matrimonio? ¿Por qué me diste tu casa? ¿Por qué me compraste cosas caras? ¿Por qué me hiciste el amor tantas veces? ¡Dijiste que quieres tener hijos conmigo! ¡Tuvimos esa conversación hace un mes!
Quise decirle que yo estaba embarazada, pero guardé el secreto.
-¡Eso no importa! ¡No quiero estar más contigo, Lena! Puedes irte mañana por la mañana o en la tarde. No interesa. No dejaré que te vayas sola a esta hora, pero mañana quiero que te largues.
-Eres un monstruo. ¿Qué pasará con ella? ¿Vendrá a vivir contigo? ¿Dormirá en nuestra cama?
-Sí. Carla se mudará pronto.
Me quedé callada, procesando la información. Quería morirme. Mi vida se arruinó.
-Si no hubiera sido por tu padre nunca te habrías casado conmigo. ¿Cierto?
-Cierto. Es lo mismo con los hijos. Te dije que quería tener hijos contigo porque mi padre me lo ordenó. Jamás fue por amor.
-Me estás rechazando como tu Luna, Dean.
-Te rechazo, Carla.
Nuestro matrimonio siempre ha sido una mentira.
Odiaba amarlo.
Me senté y lloré. Miré los papeles. Dean caminó hacia la ventana, dándome la espalda.
-¿Qué es lo que tienes para decirme? Dijiste que quieres hablar -recordó.
No le iba a decir la verdad.
-Nada. Ya no importa -mentí. Él jamás sabría sobre sus hijos.
-Hay un bolígrafo en el portafolios. Firma ahora. Mañana tienes que irte. No te preocupes, te ayudaré todos los meses con el alquiler y la comida. Si quieres quedarte en la manada, puedes hacerlo. Carla y yo no tenemos problemas.
Miré los papales otra vez.
-No me quedaré a ver lo felices que son, Dean. No te preocupes.
Tomé el bolígrafo y firmé todos los papeles.
Oficialmente, Dean y yo nos divorciamos.
-¡Perfecto! -celebró. No le importó mi dolor.
-¿Estás feliz?
Me levanté de la silla.
-Me iré ahora mismo. Te arrepentirás algún día de lo que me hiciste.