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Mi Alfa
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Capítulo 1 El Alfa
1743    |    29/12/2021

Rosa.

Apenas me mudé a “camino verde” supe que este pueblo era diferente, había un pequeño campamento a las afuera, era como una tribu, pero nadie sabía mucho de ellos y tampoco se acercaban mucho que digamos, solo su líder entraba al pueblo una vez a la semana a comprar víveres, por alguna razón la gente parecía temerle.

Lo que es yo empecé a trabajar en una cafetería 24 HRS en el turno de noche, tuve que suplicar una semana para que mi mamá me diera permiso, con 17 años lo necesitaba para poder trabajar, aún cuando solo me quedaban 2 meses para cumplir 18.

-no te acerques mucho al bosque, ya sabes que andan lobos sueltos – dijo mi mamá al despedirme cuando salía a mi primera noche de trabajo.

-ya lo sé mamá, no tengo 5 años – le respondí con cansancio.

Después de eso me puse la capucha roja que me había regalado mi abuela y salí rumbo a la cafetería, en el camino sentí como si alguien me estuviera siguiendo, ya era como la tercera vez que lo sentía pero nunca veía a nadie.

Al llegar me puse a limpiar las mesas mientras esperaba que entrara alguien, la noche no era muy movida por lo que había mucho tiempo muerto, así que en esos momentos me ponía a hablar con Clara, la cocinera.

-¿y que hay de la tribu de allá? – le pregunté señalando con la cabeza el bosque.

-¿en serio nadie te lo a dicho? – dijo, sonaba sorprendida.

-¿decirme qué? – pregunté cada vez más confundida.

-hay una razón por la cuál no se mezclan con nosotros, ellos no son humanos.

-vamos, ¿Cómo no van a ser humanos?, ¿entonces que son?

-la verdad nadie lo sabe a ciencia cierta, algunos dicen que los han visto convertirse en lobos, otros dicen que son vampiros pues tienen uñas y dientes afilados, además todos tienen ojos amarillos, todos, eso no es normal…

-dale, no me tomes el pelo, yo no creo en cuentos de hadas o historias de terror.

-bueno, puedes pensar lo que quieras, pero yo que tu tendría cuidado con esa gente.

Me dio risa que Clara estuviera tan segura de esas historias, supongo que era la influencia que tenía el pueblo en la gente. Mi madre había dicho que iría a buscarme, pero ya habíamos cerrado y no llegaba así que la llamé para encontrarla en el camino.

En eso, alguien me arrinconó contra una pared sin previo aviso.

-ya perra, dame tu cartera y nadie saldrá herido – dijo apuntándome con un arma.

Antes de que pudiera siquiera pensar que hacer un enorme lobo derribó al asaltante, lo mordió en el brazo y luego lo lanzó lejos, me miró directamente a los ojos, eran de un ámbar hipnotizante, prácticamente amarillos.

-oh no, lo siento – dijo señalando un pequeño arañazo que me había hecho en el brazo, me había pasado a llevar cuando derribó al asaltante… espera… ¿acababa de hablar?

-tu… tu… hablaste.

-¡aléjate de mi hija¡ - grito mi mamá y le tiró uno de sus tacones (seguramente un tacón derribaría a un lobo parlante de 1,5 metros de alto)

El lobo sonrió, me cerró un ojo y se alejó corriendo.

-¿estás bien? ¡Te dije que te alejaras de los lobos!

-fue el quien se acercó, además, me salvó la vida.

-¿y ese arañazo?

-eso fue un accidente.

-si, claro.

Diego.

En cuanto la sentí llegar supe que era ella, la que debía ser mi protegida. Todos los hombres lobos tenemos un protegido/a que nos asigna el universo, algo similar a lo que sería “un alma gemela” para los humanos pero mil veces más potente.

Los humanos tienen una imagen muy errada de nosotros, pero los entiendo, tienen miedo a lo desconocido, no saben diferenciar entre un lobo salvaje y uno de nosotros y, claro, ellos están indefensos ante cualquier tipo de lobo.

Sin embargo había algo en ella que me llamaba, era como si tuviera un “iman” para el peligro, solo en la primera semana desde que llegó, y sin que ella lo notara, la salve de ser atropellada, del golpe de una maceta que cayó de una ventana y de un carterista.

Pero ese día fue diferente, ese hombre la siguió todo el día, como si le hubiera puesto un blanco en la espalda y estuviera buscando el momento adecuado para disparar. No estaba seguro de qué le quería hacer, ¿La violaría?, quizás quería robarle, ¿y si quería asesinarla?. Sólo pensarlo hacía que me hirviera la sangre, tanto así que ni siquiera pude tomar mi forma humana en todo el día, lo cual no me permitía acercarme demasiado, tenía que pasar desapercibido. Entonces llegó la hora, ella iba saliendo del restaurante donde trabajaba, con su capa roja sobre la espalda “cómo si necesitara algo más para destacar” pensé.

Esperó unos minutos antes de empezar su camino entonces el hombre la arrinconó, sin siquiera pensarlo salte sobre él, mi primer instinto fue matarlo, pero temía que eso fuera mucho para ella, no quería asustarla. Cuando me deshice del asaltante note que la había pasado a llevar, haciéndole un horrible rasguño en el brazo, eso seguro tardaría en sanar.

-oh no, en serio lo sien

to, ¿estás bien?

-tu… tu… ¿hablas? – Dijo sorprendida, sin embargo, no parecía asustada.

Entonces su madre me tiró un zapato (que apenas sentí) mientras me gritaba para que me alejara, solo entonces tomé conciencia de que seguía en mi forma de lobo “estúpido” pensé y me lancé a correr.

“estúpido, estúpido…. Ahora si que lo arruine… no podré acercarme a ella nunca más… Nos expuse, soy el Alfa de la manada y nos expuse” me maldecía mientras corría a toda velocidad, rodee todo el pueblo, escondido en la espesura del bosque, como unas 3 veces antes de recuperar la calma. Ya tranquilo me senté en un claro a observar la luna llena y lancé un agudo aullido esperando que mi chica de capa roja pudiera escuchar en el mi promesa, una en la que le juraba que nunca nadie la heriría mientras yo pudiera evitarlo.

“Sé que si fuera humano no tendría sentido, ni siquiera se tu nombre, tu nunca me haz visto… Pero te amo con locura pequeña de rojo”

Rosa.

Al llegar a casa tuve una gran discusión con mi madre, me prohibió seguir trabajando, no podía entender que el lobo lo único que hizo fue protegerme y los asaltantes pueden aparecer en cualquier circunstancia… además, el lobo incluso… se disculpó…

Fui a mi pieza y me recosté en la cama mirando el techo recordando esos ojos ámbar junto con sus palabras ¿lo habré imaginado?, ¿qué tan probable es que un lobo se disculpe por rasguñar a alguien?, ¡¿qué tan probable era que siquiera hablara?!. En ese momento, como una respuesta a mis locos pensamientos escuché el aullido más bello de todos, sonaba… sonaba como una canción romántica de solo un par de notas…

Creí que me estaba volviendo loca pero no pude dejar de pensar en él en toda la noche, de hecho, incluso apareció en mis sueños.

En este, era aún más grande que lo que en realidad era, como 2 metros y medio parado sobre sus cuatro patas, me subía sobre su lomo y recorríamos el bosque a toda velocidad, su pelaje era suave y olía bien, era un tipo de olor que nunca había sentido, pero por alguna razón me recordaba la sensación de estar en casa la primera tarde del fin de año, sabiendo que estás a salvo, que cumpliste con todas tus responsabilidades pero, sobre todo, que tienes miles de momentos especiales, agradables y llenos de placer, por delante.

Luego nos tendíamos en la hierba y empezamos a hablar como si fuéramos los más grandes amigos, como si él me conociera de toda la vida. En ese momento pasamos de ser amigos a hermanos, compañeros, novios, amantes, esposos, primos, padre e hija, era como si todas las formas posibles de relacionarse se juntaran en una y formara nuestro propio vínculo, el vínculo que solo un lobo y una humana pueden crear.

Cuando desperté sentí la enorme necesidad de verlo, de estar con él pero no tenía idea de dónde encontrarlo. Pero ¿cómo lo haría?, no podía ir por ahí preguntando por un lobo gigante que habla. “En serio me estoy volviendo loca, seguro solo imaginé todo” pensé.

Entonces salí al patio para tomar aire y despejar la mente. Entonces mientras miraba la enredadera que separaba mi casa de la del vecino un par de luceros color ámbar brillaron entre las hojas, en seguida pensé en él “¿Será posible?” me pregunté… me aproximé, pero enseguida los luceros se extinguieron y al otro lado solo estaba el auto del vecino con sus faroles amarillos.

“no sé qué pensaba… no es como si un lobo de metro y medio de alto pueda ir por ahí, paseando tranquilamente, en medio de la ciudad”.

Después de almorzar empaque un par de sándwiches, una bebida de litro y medio y con eso en la mochila, tomé mi bicicleta para pedalear hasta el bosque, recordando las historias de Clara, creí que si alguien sabía de los lobos, tenían que ser los de la tribu, al menos, alguno de ellos.

-¿Qué haces aquí? – dijo un hombre de unos 20 a 25 años que tenía el cabello largo y café, sí, café, no castaño… era casi el mismo color que el pelaje del lobo que me rescató.

-lo siento, no sabía que no podía estar aquí – dije apenada, entonces el se acercó más y pude notar sus peculiares ojos amarillos.

-eso no es lo que pregunté… - dijo sosteniendo mi brazo sin hacerme daño.

-estaba buscando a alguien – entonces al verlo con más precisión, de algún modo, lo supe – eres tú ¿verdad?... Pero antes eras un lobo… ¿eres tú?

-¡Vete!, no puedes estar aquí – dijo como si lo hubiera ofendido terriblemente y al mismo tiempo estuviera asustado por algo.

-bien, pero solo contéstame – insistí.

-bueno, obviamente no se de que mierda estás hablando, así que no y ¡no te vuelvas a acercar a mi tribu! – gritó.

Entre asustada y desconcertada di media vuelta y corrí de vuelta al lugar donde había dejado mi bicicleta para volver a mi casa. Era obvio que tanto ese hombre como su misteriosa tribu escondían algo y, no importaba cómo, ni cuánto tiempo me tomara, yo lo averiguaría.

            
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