LE
s bajan un milímetro, cubriendo ese marrón claro con una sombra de deseo. Veo cómo su respiración se hace más lenta y profunda, cómo sus fosas nasales se dilatan ligeramente. Su cabeza se inclina hacia la mía, con una lentitud que hace que cada latido de mi corazón suene como un tambor en mis oídos,
ción anticipada al hechizo de ese momento perfecto y romántico bajo el cielo color dur
nces,
en sus hombros y empujo hacia abajo. Lo sumerjo completamente en el agua cri
o carcajeo lleno de alivio, de nerviosismo, de la loca alegría d
l helada, un contraste que me arranca un escalofrío. El agua escurre de mi cabello empapado, de mi ves
. Mis pies descalzos chapotean en el césped, dejan huellas húmedas en las baldosas del pa
o una estatua tallada en hielo y sombra. En sus manos sost
onde el vestido se pega como una súplica, las caderas, la cintura, el estómago, y se detienen, con una intensidad casi física, en mis pechos, en la transparencia qu
o de la ira, ardiendo en un fuego más prof
e una curva de ternura provocadora, un arma envuelta en seda. Avanzo un
amente suave, es un contraste deliberado con mi apariencia de sirena náufr
o cómo sus dedos se blanquean alrededor del vaso. Veo cómo sus ojos, por un instante, se desvían hacia la puer
dio con pasos largos y contenidos, la espalda tensa como una cuerda de violín a punto de romperse, lo
cierra tras él con un cli
a tormenta, con la imagen de mi vestido transparente grabada a fuego en sus pupilas
onr
adera, respirando hondo, tratando de recuperar el control que perdi
és, una mano se
a como un latigazo, y me gi
alo, llevándome una mano
éndome hacia el
se en el marco de la puerta mientras
o-. Mírame, estoy empapada. No tengo nada q
re, y su voz se vuelve más suave
jos brillan con una luz nueva, una mezcla de tim
cumplido
verdad. Te ves realmente hermosa. Así, mojada, despeinada, con ese vestido pegado... pareces salida de
mo si las palabras se le hu

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