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Historia
El Madrileño

El Madrileño

Autor: Jhoa Torres
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Capítulo 1 Preámbulo

Palabras:1304    |    Actualizado en: 09/01/2023

que saber para el amor; que

García

aceres y excesos de la vida, todo lo tenía en bandeja de plata. Borracho viajaba

Santa Marta-, dijo Nath

dito Jet, lo único beneficioso era

o coño- exclame

que sí sabía era que el amanecer se veía precioso en esa playa de arena

las cosas. Un día antes había roto mi compromiso con una siciliana, esa mujer que con sus ojazos caramelo, había hecho ese hechizo profundo de

o empresario, con relaciones en negocios internacionales, inversionista en varias partes del mundo, un magnate egocéntrico y poderoso qué , el cuá

te como unas diez veces, revolcánd

más que eran imparables, Javier y Luis Pedro, me veí

corazón blandengue y así me encontraba olvi

ón... ¿podía enamorarse uno después de una ruptura amorosa? ¿Tres años no habían sido suficiente motivo para seguir atado a ella? Ahora

se a un ritmo delicioso, no sé qué música era pero, me acerque en un intento de bamboleo en el cuerpo hacia las chicas y ese manjar de dioses de

iéndose, mostrándome la belleza de su son

ercándome más a ella, bailán

icos de la banda que tocaba con timbales y acor

. Me mecí en el aire junto con sus brazos, esos brazos que me arrullaban al ritmo del famoso "vallenato", me sentía repuesto... hablamos hasta que amaneció, mi borrachera fue mostrada en cuanto la resaca comenzó a pasar factura, no sin antes llegar a la habitación número

con su voz sanadora, curó el quebrado lado de mi infeliz motor. ¿Algu

ero fue todo un placer coincidir contig

os brazos de Morfeo, pregunté entre balbuceos su nombre, a lo cual el

*

pero nuevamente me encontraba solo, en esa calurosa habitación de hotel

al leer ese nombre tan chusco y aumento más mi jaqueca por la transición de desintoxicación que estaba llevando mi cuerpo. Entré cóm

hizo salir de ellos nuevamente, volviéndome a la realidad am

ga espacio gil-dijo Nath, que se h

n sabe, enrollando un albornoz en mi cintura, dejando caer la

uz del sol, ¡apáguenla!-, grito Luis Pedro, quien ha

e espera en Industrias y debo darle una buena ex

visional que siempre llevaba, gracias a mi nana q

*

para que mi padre me recibiera, no sólo con la madriza que me daría por romper el compromiso co

r café, peino mi cabello negro hacia atrás, terminó de aplicarme la loci

o de enfrente de mi puerta, trato de abrirla de inmediato, pero no veo a nadie,

ta y me poso a la a

aquí!-exclamó con

encuentro a un ser indefenso, con mejilla

n acompañándo la cesta, no veo nada hasta que el bebé empieza

mi mundo cambió por completo, palidecí

ejo el recordatorio de tu promesa antes de llevarm

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