Libros y Cuentos de Flyhigh
La Trampa del Pasado: Un Nuevo Juego
Máximo me puso el teléfono delante de la cara: el vídeo del coche de mis padres, huyendo, chocando, las llamas consumiéndolo todo. "Quiero que tú y tu familia paguéis por la vida de Sasha", sentenció, su voz helada como el hielo. Mi corazón, ya débil, se apretó con una fuerza brutal hasta estallar, cayendo en una oscuridad profunda. Pero en vez de la muerte, me encontré de vuelta en el vestuario del instituto, el día antes de las pruebas de beca, el día en que todo empezó a ir mal. Máximo me hablaba de nuevo de Sasha, de su fiesta en Ibiza, ignorando por completo el futuro que nos esperaba, o al menos el que él creía que teníamos. No lo detendré esta vez; no le rogaré. Porque sé lo que me espera, el dolor de la traición y la muerte en mi vida pasada. Volver a vivir esa pesadilla, la humillación, la destrucción de mi futuro por sus celos y falsas acusaciones, me consumió. Nunca entendí por qué ese odio, por qué esa necesidad de destruir todo lo que éramos. Esta vez no. Esta vez, la historia es diferente y me salvaré a mí misma. Le sonreí, una sonrisa falsa pero firme, y le dije: "Diviértete, Máximo. Te lo mereces". He renacido, y este es el día cero de mi nueva vida.
La Farsa de Mi Familia
Mi vida, con mis manos manchadas de colores y el olor a pintura en mi humilde cuarto, soñaba con restaurar arte. Vendía mis alebrijes para escapar de la pobreza, al lado de mi padre alcohólico. Mi madre, Elena, y mi gemela Valentina nos "abandonaron" hace seis años. Pero en mi decimoctavo cumpleaños, un enlace de YouTube lo reveló todo. El título, "Dos Vidas: Experimento Gemelas", me heló la sangre. Allí estaba yo, sucia de pintura, junto a Valentina, de diseñador en una mansión. La voz de mi madre, a quien no oía hace seis años, anunció el "clímax de nuestro experimento social". Mi padre, Ricardo, sobrio y elegante, sonreía en esa misma mansión de lujo. "Veremos si la resiliencia de Sofía puede superar los desafíos que le hemos preparado." Mi mundo se hizo pedazos. Mi pobreza, el alcoholismo de mi padre, el "abandono": todo fue un cruel reality show. Se monetizó mi sufrimiento para millones de espectadores. "Te estamos viendo. No llores, arruinarías la toma", me mandó Valentina. Descubrí cámaras ocultas por todo mi cuarto, grabando cada lágrima. Mi preciado alebrije, mi jaguar alado, fue destrozado por "actores". Mi familia celebraba el "drama" y el "rating disparado". El dolor se convirtió en una furia helada y silenciosa. ¿Cómo pudo mi propia familia venderme por mero espectáculo y dinero? Estaban tan ciegos en su codicia que ignoraban la tormenta que se desataba. "Mañana le quitaremos lo último que le queda de valor," escuché a mi padre decir con malicia. Pero en el suelo, encontré mi escape: una beca completa para estudiar arte en Florencia. Era mi señal, mi única arma. Ya no era su víctima; ahora era su enemiga. Si querían un espectáculo, se los daría. Esta vez, el trágico final lo escribiría yo.
Amor tardío es veneno
Me llamo Isabella Montoya y mi vida estaba destinada a un matrimonio arreglado. Para salvar a mi familia, me casé con Alejandro Torres, el heredero del imperio vinícola rival. Lo que nadie sabía, ni siquiera él, era que, desde niña, yo lo amaba en secreto. Pero Alejandro me detestaba. Desde el primer día, me humilló frente a los demás. En nuestra boda, me entregó una jaula vacía, diciendo que era para que recordara lo que era la libertad. Los años que siguieron fueron un infierno silencioso. Él no se molestaba en ocultar sus infidelidades, riéndose de mi dolor. Incluso, encontré a su amante usando un valioso collar de diamantes de mi abuela, que él me había quitado "para protegerlo". Luego, cuando la enfermedad me consumía, y mi rostro apenas podía ocultar el dolor, su maldad se tornó indescriptible. Acepté el divorcio, pidiendo solo mi "libertad", pero antes le pedí que me acompañara a cumplir cinco últimas "promesas". Cada una fue una nueva humillación, un nuevo tormento. La última, una cena preparada por él, terminó en una tortura pública. Su amante, Lucía, me arrancó la peluca, revelando mi cabeza calva por la quimioterapia. Y mi propio esposo, sin dudarlo, destrozó los restos de mi peluca, jurando con desprecio: "¡Te odio, Isabella!". ¿Cómo podía alguien caer tan bajo, destruyendo el último vestigio de dignidad de una mujer moribunda? Esa noche, morí en vida. Poco después, mi cuerpo me abandonó. Él pensó que se había librado de mí y de todos mis secretos. Pero lo que ignoraba era que "La Cuentera del Valle"-mi seudónimo secreto como escritora-había dejado un diario. Un diario lleno de verdades que transformarían su vida en una pesadilla de arrepentimiento y locura. Mi venganza silenciosa apenas comenzaba.
La Sustituta peligrosa
Alejandro Villanueva, un hombre acaudalado, intentó llenar el vacío dejado por la muerte de Sofía, su prometida. Invirtió su fortuna en Isabella Morales, una joven asombrosamente parecida a ella, dándole una vida de lujo, esperando revivir un amor perdido. La víspera de su suntuosa boda, oculto, Alejandro escuchó a Isabella confesar a su amigo Ricardo un plan cruel: "No me casaré con él, lo voy a humillar." Su corazón se hizo piedra. Al día siguiente, canceló la boda. Presenció la tierna complicidad de Isabella con Ricardo, algo nunca visto con él. Ella, incluso, lo abandonó herido en una tienda por socorrer a Ricardo. Luego, la oyó en un bar, describiéndolo como aburrido y contando los días para "liberarse". ¿Cómo fue tan ingenuo? Había intentado comprar un fantasma, un eco, solo para encontrar una traición gélida. La humillación era insoportable, la verdad, demoledora. El amor que buscaba no se compraba, ni se forzaba. Con el corazón ya de piedra, Alejandro cortó todo lazo y partió a Madrid. En el día de lo que habría sido su boda, reemplazó el tradicional video por su propia declaración: "Dado que la novia planeaba abandonarme en el altar, decidí adelantarme. Adiós." Era su golpe final, su doloroso adiós a una ilusión y el inicio de su libertad.
