Libros y Cuentos de Yi Jian Zhong Qing
La Segunda Oportunidad de la Mate Rechazada
Después de nueve años convirtiendo su pequeña tribu en un imperio multimillonario, mi esposo, el Alpha Oliver, trajo a su amante embarazada a casa. Sin una pizca de remordimiento, me degradó a sirvienta doméstica y le entregó mi título de Luna a Nadia, alegando que ella llevaba a su verdadero heredero. No lloré ni supliqué. En silencio, firmé los documentos de transferencia de activos que él, en su arrogancia, ni siquiera leyó, despojándolo legalmente de toda su fortuna sin que se diera cuenta. Esa misma noche, descubrí que yo también estaba embarazada. Pero en lugar de decírselo, bebí un frasco de Acónito. Prefería envenenar mi propio cuerpo y romper nuestro Vínculo de Compañeros antes que permitir que mi hijo fuera despreciado por su propio padre. Huí hacia el territorio de su enemigo mortal, el Alpha Luis. Cuando Oliver finalmente me encontró semanas después, demacrado y desesperado al descubrir la verdad sobre el embarazo que oculté, cayó de rodillas al ver mi aura brillar. No solo había perdido a su esposa y a su dinero; había desechado a una legendaria Loba Blanca, la realeza de nuestra especie. Mientras él suplicaba perdón arrastrándose en el barro, encendí mi poder frente a todos y pronuncié las palabras que lo destruirían para siempre: "Yo, Laura Díaz, te rechazo a ti, Oliver Silvestre, como mi Compañero."
Mi Hermano, Mi Corazón Roto
Elena Rojas regresó a casa en la Ciudad de México tras años en el extranjero, donde la esperaban sus padres y el caos familiar de siempre. Pero la familiaridad se hizo añicos al encontrar a su hermano menor, Miguel "El Rayo" Rojas, la joven promesa del fútbol, consumido por la angustia antes de un reality show. Miguel estaba destrozado, no por la presión del programa, sino por los titulares venenosos que lo llamaban "LADRÓN" y "TRAMPOSO", acusándolo de comprar su lugar y robarle el sueño a otro. Sus propios padres le daban la espalda, su padre lo veía como un circo ajeno a sus negocios y su madre le aconsejaba dedicarse a algo "más decente". Ante la desesperación de Miguel y la indiferencia de su familia, Elena sintió una rabia helada. Si nadie más lo defendería, ella lo haría, sin importar el costo.
El Honor de un Padre
El vibrante mural de mi hermano Miguel, la obra que pintó con el alma y que celebraba la historia de nuestra gente, era su triunfo y nuestra esperanza. Pero esa noche, la risa de los vecinos se congeló con el rugido de camionetas negras y la aparición de Ricardo Mendoza, la serpiente que extorsionaba nuestro barrio. Miguel se negó a doblegarse, y en un instante, su futuro se hizo añicos: sus manos, sus preciosas manos de artista, fueron brutalmente destrozadas bajo la bota de Mendoza, mientras yo, Elena, era obligada a mirar, a presenciar cómo destruían su vida. Fui a la policía buscando justicia, pero solo encontré indiferencia, burlas y una advertencia directa de Ricardo: "Mi familia es dueña de este barrio, de la policía, de los jueces". Me sentí morir, derrotada, acorralada, ¿cómo se lucha contra un poder que lo compra todo, que puede destruir tu futuro y silenciarte con mentiras, que incluso entra a tu casa y daña a tus seres más queridos? Todos me decían que me rindiera, que aceptara el dinero y callara, pero entonces, mi mirada se posó en la placa de honor de mi padre, un agente de la Patrulla Fronteriza caído en cumplimiento del deber, y supo que él me había dejado más que un recuerdo: el camino para la verdadera justicia.
Cuenta atrás de Vuestro Destino
El recuerdo de mi muerte es un eco frío, un escalofrío que cala los huesos. El día de mi boda, el sol brillaba, pero para mí todo era oscuridad. Camila, mi prima, me ofreció una copa de champán para celebrar, un brindis por mi futuro con Ricardo Vargas. Confié en ella, como siempre lo había hecho. Bebí. Desperté horas después, confundida y con la cabeza a punto de estallar, en una habitación de hotel barata, sin mi vestido de novia. Corrí de vuelta a la iglesia, y la vi: Camila en el altar, llevando Mi vestido, casándose con mi prometido, Ricardo, quien la miraba con una devoción que una vez me prometió a mí. Cuando intenté gritar la verdad, mi propio padre, el Dr. Carlos Romero, me detuvo. Sus ojos, antes cálidos, ahora eran dos pedazos de hielo. Me arrastró fuera, lejos de las miradas, y sus palabras fueron más dolorosas que cualquier golpe. "Deja de hacer el ridículo, Sofía. Eres una oportunista. Siempre lo has sido." Me abandonó en la calle, con el alma rota. Busqué justicia, fui a la policía, pero nadie me creyó contra el prestigioso Dr. Romero y la nueva Sra. de Vargas. Desesperada, intenté enfrentarlos de nuevo, pero esa noche, en un callejón oscuro, alguien me atacó por la espalda. El golpe fue seco y definitivo. Mi último pensamiento fue para mi madre, la única que realmente me había amado, preguntándome por qué mi padre, a quien ella tanto amó, podía ser tan cruel. ¿Quién le creería a una mujer histérica? ¿Por qué mi propio padre me hizo esto? No lo entendía. Y entonces, desperté. Un sudor frío me recorría la espalda. Mi respiración era agitada. Miré mi teléfono: viernes, 23 de octubre. Un día antes de la boda. Estaba viva. Tenía otra oportunidad. Esta vez, yo escribiría el final de la historia.
Un Amor Verdadero, Una Vida Nueva
El olor a metal y sangre llenaba mis pulmones, la vida se me escapaba segundo a segundo. Frente a mí, a través del parabrisas destrozado, vi a mi prometido, Diego, sacar a la otra mujer, Sofía, del coche, susurrándole palabras de amor que nunca me dedicó. Ni una sola vez miró en mi dirección, ni una sola vez se preocupó por saber si yo, Elena, su prometida, seguía viva. En ese momento, una voz fría y mecánica resonó en mi cabeza: "[El papel de la antagonista, Elena, ha concluido. La historia principal puede continuar sin obstáculos.]". ¿Antagonista? ¿Mi vida entera, mi amor, mi dolor, no eran más que el papel de una villana en la historia de amor de otros? Los recuerdos me golpearon: mi devoción ciega por Diego, impulsando su carrera con la fortuna de mi familia, mientras él me usaba como una herramienta. Luego Sofía, la "dulce" diseñadora que se convirtió en su "amor verdadero", y yo en la villana, la celosa, la obsesiva Elena. Pero lo peor vino después del accidente: Diego me retuvo prisionera, tratando de forzarme a cooperar con su plan. Y entonces, con crueldad indescriptible, mató a Coco, mi inocente perro, golpeándolo con un jarrón, dejándome sola con su cuerpo inerte. Esa escena me abrió los ojos: mi vida entera era una farsa orquestada, y yo, un simple obstáculo en su "final feliz", destinada a la destrucción. "Se acabó", les dije a mis padres, mi voz rota, aferrándome a la vida de Coco. "Me voy de aquí. Me voy lejos de él". Ahora, con una segunda oportunidad, ¿podría reescribir mi destino y encontrar mi propia felicidad, lejos de una historia donde yo era la villana condenada?
Destino Intercambiado en Mi Segunda Vida
El olor a desinfectante y a muerte era el último recuerdo de mi vida. Morí sola, abandonada por un esposo al que mi madre eligió y denigrada por una familia que solo veía mi fracaso. Afuera, los fuegos artificiales celebraban el éxito millonario de Laura, mi hermana y la "genio" de la familia, quien me lanzó una última mirada de desprecio antes de abandonarme. Mi vida fue una comedia de errores, una "perdedora" a los ojos de todos, pero especialmente a los de mis padres, quienes me obligaron a tomar un sistema que lo garantizaba. Pero entonces, abrí los ojos. No estaba muerta, sino que había renacido justo el día en que todo comenzó, mi decimoctavo cumpleaños. Una voz mecánica resonó en mi mente, pero no era la que me atormentó; esta prometía un nuevo comienzo, un "Sistema de Genio" que me catapultaría a la cima. La ira y la humillación de una vida de invisibilidad y traición se transformaron en una claridad gélida: no solo renací, sino que renací con un propósito. Esta vez, las cosas serían diferentes; no más sufrimiento, no más ser usada. La venganza sería mía. Con una sonrisa interna, miré a Laura, ansiosa por su "Sistema Genial", y supe que un giro del destino, propiciado por mis propias manos, la llevaría a experimentar cada gramo del sufrimiento que yo padecí.
El Divorcio de mi Propia Vida
El aire olía a cempasúchil, pero en mi apartamento solo sentía el vacío. Era el Día de Muertos y, por tercer año consecutivo, Lina, mi esposa y socia, no estaba conmigo, supuestamente en un viaje de negocios crucial en Monterrey. Revisando distracciones en Instagram, me congelé: una historia de Patrick, su joven y "necesitado" asistente, lo mostraba en Oaxaca, su pueblo natal. Y allí, radiante y sonriente, estaba Lina, colocando flores en el altar familiar de él. El texto debajo me destrozó el alma: "Mi mamá dice que le encanta su futura nuera". El suelo se abrió bajo mis pies. El golpe no fue su traición, sino la cruda confirmación de lo invisible que me había vuelto. La rabia de Lina por mi comentario público de 'respeto y bendiciones' no era la de una esposa atrapada, sino la furia hiriente de una jefa avergonzada por su empleado. ¿"Futura nuera"? ¿Mientras yo, su esposo durante siete años, esperaba solo? ¿Cómo pude ser tan ciego, tan insignificante? ¿Qué clase de hombre ignora las banderas rojas y permite que su propia vida se desmorone a espaldas de su "socia"? En ese instante de dolor y revelación, supe que no había vuelta atrás. Era hora de encender una pira para lo que ya estaba muerto y reclamar mi vida.
Príncipe Azul, Corazón Negro
La noche de mi compromiso con Mateo, el "Príncipe Azul" de mi infancia, mi vida parecía perfecta, destinada a unir dos imperios. Pero un "Milagro" –la visión secreta de mi familia– me reveló una verdad brutal: mi amado prometido, mi hermano y mi hermano adoptivo, traicionándome, acusándome, incluso golpeándome. Todo orquestado por Sofía, mi dulce prima adoptiva, quien en un instante, se reveló como la villana de mi propia historia, una manipuladora maestra. De repente, la mujer que siempre creí que amaba y apoyaba, se transformó en una víctima perfecta, llorando, actuando como si yo la hubiera humillado, secuestrado, ¡hasta robado el mérito de salvar a nuestro propio hermano! ¿Cómo podían mis ojos, mis oídos... mi propio corazón, engañarme así? ¿Cómo pudieron ellos –mi prometido, mi hermano de sangre, mi hermano de crianza– creer cada palabra de ella, incluso cuando sus mentiras los cegaron a mi dolor y a la verdad? Pero justo cuando la desesperación me ahogaba y fui arrojada al suelo con una bofetada, una voz ancestral retumbó: "¡¿Qué demonios está pasando aquí?!" Mi padre había regresado. Y con él, la fría venganza comenzó a forjarse.
