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La obsesión del Mafioso Italiano (+18)

La obsesión del Mafioso Italiano (+18)

5.0
64 Capítulo
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Un viaje relámpago a Italia hace que la vida de Natasha Parisi de un giro sorprendente. Jamás se ha visto involucrada en nada que no sea la vida de rica y mimada a la que su tía la acostumbró, todo cambia cuando sin querer entra abruptamente en la vida de Adriano Bicchieri el mafioso más temido de todo el país. Ella no podrá decidir si escapar o no porque se ha convertido en una presa desde que los ojos del mafioso estuvieron sobre su cuerpo y por más que tratara de huir ese cazador no la dejaría escapar. Está atrapada. Aunque más tarde entenderá que quizás se encontraba mejor justo entre sus brazos entregándose a la pasión descarnada.

Capítulo 1 Algo trascendental.

Natasha:

Cuando me pongo los audífonos y escucho esta canción siento que estoy en una película donde yo soy la protagonista.

Hay una sonrisa en mi rostro a la vez que veo el paisaje que se muestra por la ventana del autobús en el que estoy.

Logré convencer a mi tía de venir aquí con mi grupo de la escuela de Bellas artes.

Soy española pero llevaba años deseando venir a Italia, es por eso que insistí tanto en este viaje.

Hay algo en este país que me atrae.

Que me llama sin saber el qué.

Adoro la cultura que hay en estas calles que ahora mismo estoy viendo.

No puedo quedarme dormida como mis amigas ahora mismo cuando el sol está saliendo iluminando con sus rayos la ciudad.

Contengo un suspiro de emoción por lo que próximamente haremos.

¿Cómo no sentirme como en una película si uno de mis sueños se está haciendo realidad?

Sólo falta otra cosa...

Algo más emocionante.

Me deshago de cualquier pensamiento romántico que pase por mi cabeza y vuelvo mi cabeza a mi compañera sentada a mi lado.

Alejandra me da una mirada adormilada antes de bostezar.

— ¿Por qué estás despierta? Baja la cortina —se quejó cuando me quité los audífonos para poder escucharla y le hice caso.

Después de todo ya tendríamos tiempo de ver mejor Florencia.

—No puedo dejar de pensar en ver todas las obras.

—Lo sé —dijo ella sonriéndome ahora después de estirarse—. Yo tampoco puedo creer que estemos aquí.

—Buenos días chicos, despierten.

Ya hemos llegado al hotel.

Voy a pasar la lista para que poco a poco bajen del autobús y esperen en el lobby con la profesora Martina.

Aleja hizo una mueca para después entornar los ojos.

A decir verdad no le gustaba nada la profesora Martina.

De hecho a nadie le gusta mucho.

Casi protestan para que ella no nos acompañara en el viaje gracias a lo aguafiestas y amargada que es.

Uno a uno fueron llamando a todos hasta que fue mi turno.

—Natasha Parisi.

—Aquí estoy profesora —le dije antes de ponerme de pie para bajarme del autobús.

El viento mañanero de Florencia golpeó mi rostro haciéndome sonreír encantada mientras volvía a ponerme los audífonos para seguir trasportándome a un mundo nuevo.

Alcé mis ojos para ver el hotel Guelfa Firenze y de inmediato caminé para entrar en el lugar.

Sonreí al ver a Sophia viendo embelesada el trasero de un tipo que le daba la espalda mientras que Alejandra y Alicia discutían por algo —lo típico— y yo negué con la cabeza divertida acercándome a ellas.

— ¿Divirtiéndose? —me burlé y las tres se giraron a verme para sonreírme.

Afortunadamente las había conocido junto con entrar a la escuela porque no soy muy social.

No suelen caerme muy bien las personas.

No puedo evitarlo.

—Estamos esperando que nos asignen una habitación para dejar las cosas.

La profesora Martina dijo que iríamos a ver el museo esta misma tarde ¡Que emoción! —me dijo Alejandra sonriendo y yo le sonreí de vuelva.

—Me muero por eso.

—No te mueras, falta poco —se burló Sophia—. Por otro lado, los italianos que he visto me han echo la boca agua ¡Que delicia de hombres!

— ¿Pero cuántos italianos has visto si nos hemos bajado hace cinco minutos del autobús, Sophia? —recriminó Alicia tan malhumorada como siempre, cosa opuesta a su hermana gemela, Alejandra.

—Los suficientes como para saberlo.

¿Quién se anota para una noche loca en Italia? —azuzó Sophia y yo me reí enseguida.

Ninguna de nosotros había respondido cuando se acercó uno de los chicos que estudiaba con nosotros.

Creo que su nombre es Damian.

—Sophi ¿Podemos hablar un momento? —preguntó el chico a mi amiga con voz suave aunque varonil.

Vi como Sophia entornaba los ojos pareciendo fastidiada con su presencia.

Ella suele enamorar a los chicos que desee y Damian parece estarlo por la forma en que la mira.

— ¿No ves que estoy ocupada?

En otro momento Damian.

El asintió mientras que sus mejillas se ponían coloradas y de inmediato se marchó.

—Eres una perra —declaró Alicia y Sophia le sonrió como si le hubiera dicho un alago en vez de un insulto.

—Alicia, Natasha.

Compartirán la habitación, aquí están sus llaves —dijo la profesora Marta llamándonos y de inmediato yo fui por la llave.

Tomé mi maleta que ya habían bajado del autobús siendo seguida por Alicia.

Por lo menos me habían dado una habitación con una de mis compañeras.

Después de instalarnos en la bonita habitación la profesora había pasado para advertirnos que a las doce tendríamos que estar abajo para almorzar y de ahí llevarnos al museo.

Con cada segundo que pasaba estaba más emocionada.

Alicia y yo ya estábamos en el restaurante del hotel esperando que llegara el resto de los chicos.

Alejandra y Sophia se sentaron con nosotras hablando sobre trivialidades.

Comimos hasta que las profesoras decidieron que era hora de ir al fin a la Galleria degli Uffizi y mi emoción creció.

Nos subimos al autobús y volví a sentarme con Aleja sin dejar de parlotear lo emocionadas que estábamos.

Es obvio que estudiantes de Bellas Artes lo estén.

Al llegar vimos que había una fila muy larga para entrar pero afortunadamente ya habíamos pagado la reservación del tour para entrar.

— ¡Ay por Dios, esto es hermoso! —gimió Sophia mientras yo asentí y sonreí tomando fotografías.

Escuchamos la historia de cada pintura o escultura que veíamos gracias a la museóloga.

No sé cuánto tiempo estuvimos aquí pero me quedé absorta a todos los agentes exteriores cuando vi El nacimiento de Venus de Botticelli.

Me quedé maravillada con tanta belleza.

—Gracias al poder de los Médici, los artistas bajo protección de la familia tenían derecho a pintar sobre lo que quisieran sin temer a la intervención de la iglesia —siguió narrando la mujer del tour.

Yo conozco la historia.

Siempre me ha encantado este cuadro a pesar de que no había tenido la oportunidad de verlo en persona.

Estoy sin aliento ahora mismo.

Me encanta la idea de la feminidad dentro de esta majestuosa obra, en esta época de la que se habla eso no era nada común. Lo siento como una liberación a la mujer.

Algo trascendental.

Me quedé tan absorta al cuadro que ni siquiera me di cuenta de que los chicos me habían dejado atrás.

Una voz, gruesa y masculina hizo que diera un pequeño salto.

— ¿Te gusta? —me preguntó.

Me di la vuelta sobresaltada abriendo los ojos en asombro para encontrarme al hombre más encantador que he visto en mi vida.

Sus ojos verdes olivas se clavaron en los míos como si pudiera penetrar mi alma quitándome el aliento de inmediato.

No sólo su mirada causó esta reacción en mí, sino lo terriblemente guapo que es este hombre.

Empezando porque tuve que primero alzar mis ojos para mirar a los suyos ya que lo primero que había estado en mi campo de visión fue su pecho.

Su cabello es castaño muy claro casi rubio, ligeramente ondulado.

Su nariz es muy bonita, griega.

Sus labios son hinchados, carnosos y viriles —además de tentadores—.

Tiene una ligera barba corta con vellitos rubios muy bonitos.

Automáticamente estoy cautivada por ese tipo.

Pero cuando veo el resto de su cuerpo me quedó flechada.

Tiene una complexión atlética, puedo percibir sus músculos tensos aún detrás del traje elegante que lleva.

— ¿Qué... qué dijo? —tuve que preguntar después de carraspear.

Ni siquiera me acordaba qué era lo que me había dicho.

De repente esbozó una sonrisa de anuncio que me dejó boquiabierta, fascinada.

Que hombre más increíblemente guapo.

¿Realmente lo estaba viendo?

¿Es real?

—Pregunté si te gustaba —me señaló el cuadro detrás de mí pero ninguno de los dos se volteó a verlo.

—Me gusta mucho, es mi cuadro favorito de hecho —me esforcé por respirar con normalidad y sobretodo a hablar como si no me afectara su divina presencia.

¿Quién es él?

Me pregunto a mí misma muy emocionada.

Mi corazón late cada vez más deprisa cuando sus ojos me detallan.

—También el mío.

No eres de la ciudad, supongo.

—Lo dirás por mi acento.

Hablo perfectamente italiano pero es obvio que no tengo el acento —comencé a balbucear sin sentido dado a que estoy nerviosa y casi me golpeo a mi misma por lo tonta que soy, recuperando el hilo de la conversación—. Soy de España.

—Sí, tu acento es exótico, hermoso —esto último lo dice con tanta alevosía que cada parte de mi cuerpo se tensa.

Sus ojos no dejan de mirarme como si pudiera oler el nerviosismo tonto al que estoy sometida.

Y su voz.

Dios mío.

Su voz es preciosa.

— ¿Eres artista? —me preguntó mirándome las manos ahora.

—Eso planeo.

Estoy estudiando —murmuré antes de sonreírle.

Él me sonrió de vuelta antes de tenderme su fuerte mano la cual no dudé en estrechar.

—Soy Adriano.

—Mi nombre es Natasha, es un placer conocerte.

—Definitivamente el placer es mío —afirmó él logrando que un conjunto de mariposas revolotearan en mi vientre.

Me mordí el labio inferior y estoy segura de que él iba a decir algo más pero mi teléfono comenzó a sonar estruendosamente por lo que tuve que soltarme de su agarre para contestar.

—Es que si yo no te llamo no me llamas —se quejó mi tía a través del auricular del teléfono y solté un suspiro.

Mi madre sufría de depresión antes de tenerme y cuando me dio a luz un día me dejó a cargo de mi tía.

Ella estaba asustada de que no hubiera vuelto a casa esa misma noche pero otro día la llamaron para decirle que ella se había suicidado.

Mi tía con tan sólo 15 años de edad tuvo que hacerse cargo de mí.

Trabajó y estudió muchísimo para convertirse en la mujer exitosa que es hoy día.

La verdad es que la veo como a mi madre pero a veces suele ser un poco estresante cuando se pone tan sobreprotectora como ahora.

—Tía, iba a llamarte pero no teníamos tiempo.

Ahora mismo estoy en el museo así que debo colgar, no podemos usar los teléfonos.

—No me mientas niña, por favor llámame antes de que vayas a acostarte.

Me preocupo por ti Tashie.

Más aún cuando estás tan lejos de mí, ¿Lo harás?

—Sí tía, te llamaré —murmuré sintiendo un nudo en mi garganta.

Ella es la única familia que he conocido.

Ha sido todo para mí.

Siempre lo será.

Por lo mismo a veces me siento culpable de que nunca se haya casado.

Nunca he conocido una relación seria suya —más que con el trabajo— y eso me rompe el corazón, ella más que nadie merece ser amada.

—Muy bien Tashie.

Entonces te dejo, te quiero muchísimo cariño ¿Lo sabes?

—Que sí, yo también te quiero mucho tía —le dije antes de colgar.

Sonreí sintiendo la calidez en mi corazón por ella y al darme la vuelta para ver a Adriano con desilusión me di cuenta de que él ya se había ido.

Hice un puchero pero luego me recompuse.

—Esto no es una telenovela Natasha y él no es tu príncipe azul —me susurré a mi misma para ir a buscar a los demás.

No tardé en encontrarlos y me uní a ellos aunque de vez en cuando miraba a mi alrededor para ver si volvía a ver a ese hombre pero para mi decepción no fue así.

— ¿Dónde estabas metida? —me preguntó Sophia con una sonrisa traviesa de las que ella siempre usaba.

—Me quedé viendo El nacimiento de Venus, sabes lo mucho que me gusta.

—Creí que estabas haciendo algo más interesante —se quejó Sophia y Alejandra entornó los ojos antes de hablar.

—Yo también me quedé encantada, de hecho me han dado unas ganas impresionantes de pintar.

Yo sonreí a Alejandra antes de asentir.

—Igual a mí.

—Bueno chicos, por hoy terminamos el recorrido.

Es hora de ir al hotel otra vez —avisó la profesora Lucía haciendo que todos nos quejáramos.

— ¿Y qué vamos a hacer en el hotel?

Es muy temprano —se quejó Sophia.

—Sé que ustedes no son unos adolescentes pero saben las reglas así que vamos al autobús —demandó ella y la seguimos.

Pronto estuvimos otra vez en el hotel quejándonos del aburrimiento que había en nuestras habitaciones.

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